SEGUNDO PASO: MEDITATIO

Posted on abril 24th, 2022 in > SEGUNDO PASO: MEDITATIO by admin

¿Qué nos dice el texto?

Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.

DESDE LA FAMILIA (Exhortacion posinodal “Amoris Laetitia”)

(mujer, casada, 3  hijos, pertenece a comunidad y movimiento seglar)

Leí una vez, no recuerdo dónde, que la bienaventuranza “Dichosos los que crean sin haber visto”, es la bienaventuranza de nosotros y nosotras, los hombres y las mujeres de hoy. Esta bienaventuranza la dice Jesús resucitado, después de dejarse tocar las heridas por Tomás. 

Los cristianos de hoy creemos sin haber visto, pero sí que percibimos la presencia del amor de Cristo en nuestras vidas de otra manera; la más importante de ellas es a través del testimonio de otros, tantas y tantos seguidores de Cristo que nos han precedido en el camino siguiendo sus pasos y que nos enseñan a vivir el evangelio entregando la vida; y en esa entrega diaria, en el matrimonio, en la familia…; es en la que Dios se manifiesta en pequeños gestos, que a veces también pasan desapercibidos, o el desgaste de la rutina nos impide verlos, pero que son signos de Cristo resucitado en la vida cotidiana, mantengamos los ojos abiertos y los oídos atentos…

DESDE LA EXPERIENCIA CONYUGAL

(mujer, casada, una hija, pertenece a grupo de matrimonios y movimiento cristiano)

Comentario de 2013.

Este Domingo de la Divina Misericordia, el Evangelio me dice que Jesús Resucitado me trae, nos trae, la PAZ en mayúsculas, que es la que se siente al recibir su AMOR…cuantas cosas, en el día a día del matrimonio, nos enturbian esa PAZ, porque se nos olvida ese AMOR que Él nos tiene.

Me recuerda el Evangelio, que sepa perdonar, perdonar nos libera del miedo y caminamos unidos, caminamos fuertes en Dios.

Él se presenta,  porque le envía el Padre, a mí, a nosotros, en medio de nuestra cotidianidad también somos enviados. Es hora de invocar al Espíritu Santo, para no caer en la desconfianza de Tomás y de creer con toda fe y esperanza.

Juntos, en nuestro matrimonio, digamos ¡Señor mío y Dios mío!

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