SEGUNDO PASO: MEDITATIO

Posted on octubre 24th, 2021 in > SEGUNDO PASO: MEDITATIO by admin

¿Qué nos dice el texto?

Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.

DESDE LA ACCIÓN MISIONERA (En el octubre Misionero)

(mujer, casada, trabaja, 2 hijas, responsable de ONG-D, pertenece a comunidad y movimiento seglar)

Siempre me ha llamado la atención la fuerza del grito de Bartimeo. Ojalá mi llamada y súplica al Señor fuera tan rotunda y con tanta fe como la suya…

Me gustaría tener su humildad, su ímpetu, su convicción, su espíritu de superación; su deseo y su fuerza para gritar, sin importar lo que otros piensen, aquello en lo que uno cree. Realmente, la suya es una actitud profundamente misionera.

Y Jesús le responde: «Anda, tu fe te ha curado.» Y esa es la respuesta que todos necesitamos, que yo necesito continuamente en mi vida. Señor, cúrame de todos mis miedos, de mis pecados, de mi falta de amor; dame tu Espíritu y hazme más valiente para gritar como Bartimeo tu Buena Nueva y llevarla a todos los rincones de la tierra, porque todos mis hermanos necesitan esa curación que sólo tu tú eres capaz de ofrecer.

DESDE LA FAMILIA “En el año Familia Amoris Laetitia”

(mujer, casada, cuatro hijos, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar)

Bartimeo tenía un nombre, una historia, unas raíces, una familia de procedencia. Además, estaba ciego, no veía, esperaba que lo ayudasen con limosnas, pero se entera de que pasa Jesús al oír a los demás. Entonces comienza su conversión, primero gritando, reconociendo el origen de Jesús y quién es, llamándolo por su nombre y pidiéndole compasión. En su entorno se avergüenzan de Bartimeo, pero la esperanza del encuentro con Jesús lo hace gritar aún más fuerte aunque se rían de él, busca a Jesús con más ganas, le suplica a gritos, desde lo hondo. Jesús no responde a la primera, ni siquiera se acerca a Bartimeo, le manda mensajeros que le transmitan su mensaje: caminar hacia Él. Mensajeros que lo animan al encuentro con Jesús. Entonces Bartimeo, se desapega de lo que le protege: su manto y, ligero ya de equipaje, va hacia Jesús, con ímpetu, dando un salto. Es entonces cuando Jesús se dirige directamente a él y le pregunta qué quiere que haga por él. No actúa, primero pregunta y Bartímeo tiene que reconocer ante el Señor de lo que carece para, con toda humildad, pedir lo que necesita. Jesús hace el milagro, con el permiso de Bartimeo, gracias a su fe, a su voluntad, a su disposición, a su humildad, a su esfuerzo y le da la vista a Bartimeo, el cual usa este nuevo don recibido para seguir a Jesús. Ese encuentro con el Señor le ha abierto los ojos y le ha marcado el camino a seguir.

Yo también soy Bartimeo, buscaba limosnas, consuelos mundanos, y no veía, pero permanecía donde me decían que pasaba el Señor y gritaba y suplicaba desde lo hondo y me miraban como a una loca, pero aun a ciegas, sabía que hacía lo que debía. Entonces el Señor puso en mi camino mensajeros que me llamaron y me indicaron hacia dónde tenía que ir para encontrarme con el Señor. Uno de esos mensajeros fue Su Madre. En mi camino hacia Él, me desapegué de mis ataduras mundanas y esto me permitió tomar impulso para saltar hacia Él. Y llegué a Él, con lágrimas en los ojos y consciente de mis carencias, las confesé todas y el Señor me concedió la gracia de Ver. Desde entonces sólo seguirlo me importa, mi vista fija en Él, recorriendo Su camino, con mi cruz y mi fe, con mi familia de la mano, tropezando y levantándome, bajo el manto de María, feliz de verlo a Él, ansiando estar en Él y darle gloria eternamente

 

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