SEGUNDO PASO: MEDITATIO

Posted on septiembre 26th, 2021 in > SEGUNDO PASO: MEDITATIO by admin

¿Qué nos dice el texto?

Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.

DESDE LA ACCIÓN MISIONERA (Preparando el octubre Misionero)

(mujer, casada, trabaja, 2 hijas, responsable de ONG-D, pertenece a comunidad y movimiento seglar)

En el Evangelio de este domingo Jesús ataca duramente nuestros juicios hacia los demás. Es triste pensar en tantas ocasiones, dentro mismo de la Iglesia, en las que hablamos de «nosotros» y de «ellos», de «los otros», de «los de dentro» y «los de fuera». Me pregunto cuántas veces he herido el corazón de Cristo tratando a otros hermanos como extraños, juzgándolos y no acogiéndolos en mi corazón, con corazón de madre… con corazón misionero.

A lo largo de mi vida de fe, de mi vida comunitaria, de mi vida inserta en mi parroquia y en mi diócesis, y de mi servicio misionero; me he sentido profundamente llamada el ecumenismo: a la unión de todos los carismas, confesiones y religiones. El ser testigo de la transmisión de la fe en otros países y realidades, me ha hecho descubrir cómo Dios se acerca, y se ha acercado a lo largo de la historia, de formas diferentes atendiendo a la idiosincracia de cada pueblo y persona. Dios se quiere hacer el encontradizo con sus hijos y se vale para ello de los medios más inescrutables; a veces de la tempestad, a veces del susurro en el viento.

¿Quién soy yo para juzgar sus caminos? ¿Quién soy yo para juzgar a mi hermano?

DESDE LA FAMILIA “En el año Familia Amoris Laetitia”

(mujer, casada, cuatro hijos, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar)

Jesús nos pide que seamos absolutamente Suyos y que no impidamos a los demás acercarse a Cristo, ya sea buscándolo, ya sea escandalizados.

Ser de Cristo, vivir en Cristo, llevar a Cristo a los demás, desapegarme de todo lo que me aleje de Cristo, ser fiel a Cristo: el Amor Eterno, el mismísimo Dios. Y esto implica recorrer el camino que recorrió Cristo (no va a ser el discípulo más que el maestro) y amar la cruz, ofrecer el sufrimiento, amar hasta que duela, en mi hogar, en mi familia, en mi comunidad, dónde Él me ha pensado. Para salvarnos en racimos.

Todo lo que me aleje de Cristo me lleva al infierno, al sufrimiento y la muerte eterna, a no tener el gozo de adorar a Dios por toda la eternidad.

Es tan radical que no permite tibiezas. «O Conmigo o contra Mi».

¡Contigo, aunque me caiga 100 veces por el camino mi Señor!

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