SEGUNDO PASO: MEDITATIO

Posted on febrero 14th, 2021 in > SEGUNDO PASO: MEDITATIO by admin

¿Qué nos dice el texto?

Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.

DESDE LA ENFERMEDAD

(mujer, casada, jubilada, convaleciente, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar)

Siempre me ha llamado la atención que Jesús cuando hace un milagro pida no contarlo a nadie, sobre todo porque cuando yo consigo algún logro lo voceo a los cuatro vientos. Ahora que tengo un problema de salud y con todas las circunstancias vividas últimamente puedo entenderlo, no quiere que busquemos en él a un fabricante de milagros sino que busquemos su persona y con ella la salvación. Lo primero que hice al enfermar fue pedirle la sanación física, ¡claro!, nadie quiere estar enfermo y mira por donde andando buscando la salud me encuentro con su sanación que no es la sanación que sigue el proceso lógico que nosotros pensamos, la enfermedad ha sido una oportunidad de volverme a Él, a través de ella  mi vida se ha enfocado más en Dios que en mis circunstancias personales. ¡Es curioso lo que Dios puede hacer a través de la enfermedad!. Y me pregunto qué puedo hacer por ayudar a sanar a otros, no de su enfermedad pero si de sus miedos, de su soledad. Ahora pongo aún más empeño en tener una palabra que sane, que alivie, que acoja y que ponga en pie a los que tengo a mi alrededor sabiendo escuchar lo que sienten, lo que necesitan, lo que quieren, saber respetar los silencios, sencillamente estando al lado sin más. Es bueno estar ahí, preparado para lo que el otro necesite, es necesario acompañar y es igual de bueno y necesario dejarse acompañar.

DESDE UN PADRE DE FAMILIA

(Hombre, casado, padre de dos hijos, trabaja, pertenece a movimiento eclesial)

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: «Si quieres, puedes limpiarme.»

Con frecuencia, en diferentes pasajes evangélicos, asistimos a la irrupción de Jesús en la vida de otras personas. El Señor salía a predicar la llegada del Reino a los caminos, a las aldeas, a la sinagoga. Buscaba el encuentro con sus contemporáneos para hacerles partícipes de la Buena Noticia. Pero también en otras ocasiones, como nos relata hoy Marcos, era la gente quien acudía a Él.

El leproso acudió a Jesús lleno de confianza y ese encuentro cambió su vida. La vida es otra muy distinta cuando hacemos hueco al Señor en nuestro corazón y dejamos que se convierta en nuestra piedra angular y el pilar de nuestros matrimonios y nuestras familias.

Felizmente convencidos de esa realidad que mi esposa y yo hemos experimentado en carne propia, también para nuestros hijos queremos ese encuentro. Por eso, aunque sin duda la fe es una gracia que el Señor nos concede y Jesús, hoy, igual que ayer, sigue saliendo al camino en nuestra búsqueda, en casa hemos procurado propiciar ese encuentro como hizo el leproso, haciendo partícipes a nuestros hijos del regalo que supone tener a Jesús como compañero en el camino. Ojalá que lo aborden tan llenos de confianza como él.

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