SEGUNDO PASO: MEDITATIO

Posted on febrero 7th, 2021 in > SEGUNDO PASO: MEDITATIO by admin

¿Qué nos dice el texto?

Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.

DESDE LA ENFERMEDAD

(mujer, casada, jubilada, convaleciente, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar)

Soy una de los enfermos que se han acercado a Jesús pidiendo la sanación. Al  principio mi súplica era un poco desesperada…”Señor si tú quieres, puedes”…  más que “pedir confiadamente”, “exigía confiadamente”  lo que yo quería que pasara es lo que tantas veces he leído en el evangelio: “levántate y anda tu fe te ha sanado”, eso es lo que yo le estaba exigiendo al Señor, le estaba pidiendo un milagro…. Sin embargo la sanación no ha venido como yo esperaba. Normalmente uno sana cuando le quitan aquello que produce la enfermedad bien sea por una operación, una medicación, u otras técnicas como una quimio o radio, ninguna aplicable en mi caso sin causar males mayores, tengo un cavernoma en un lugar muy delicado del cerebro que no se puede tocar sin producir daños irreversibles y no hay medicación. Cuando el diagnóstico es: “de momento mejor no tocar” el mundo se me cae encima y pregunto:  y ¿ahora qué?… se produce el silencio… ahora nada… nadie garantiza que puede ocurrir, sería estupendo si  no vuelve a sangrar, sino… solo Dios lo sabe. Tengo que convivir con eso y asusta, asusta mucho.

Es entonces cuando ha empezado a actuar el Señor, ahí es donde empieza su sanación, ha venido a calmar la tempestad, ha venido a cogerme de la mano como a la suegra de Simón y ha empezado a sanarme expulsando a los demonios de la soberbia, de las exigencias, del miedo,  me está haciendo dócil a él, me esta sanando interiormente. Ahora estoy serena, sosegada, mi suplica es más templada: “Señor que siga sin sangrar, si quieres tu puedes, pero que se haga tu voluntad porque solo tú sabes lo que es mejor para mí”. Será lo que tenga que ser. Cada nuevo amanecer doy gracias al Señor porque me regala otro día más y me levanto dispuesta a servirle.

DESDE UN PADRE DE FAMILIA

(Hombre, casado, padre de dos hijos, trabaja, pertenece a movimiento eclesial)

La vida moderna discurre a gran velocidad. La mayoría de nosotros atendemos cada día múltiples y variados quehaceres, nos empleamos en diferentes frentes que van minando nuestras fuerzas hasta que, agotados, regresamos a casa donde todavía nos resta faena por lidiar, y no la menos importante. Nuestros hijos nos aguardan (o no) con sus propios problemas, y sin duda necesitan y merecen nuestra mejor versión.

Con frecuencia tendemos a pensar que este ritmo forma parte del signo de los tiempos, y posiblemente sea así. Sin embargo, también el Evangelio de hoy nos da cuenta de una jornada de Jesús en la que igualmente despliega una actividad febril. Apenas había vuelto de la sinagoga (de enseñar con autoridad, recordemos) cuando en su casa de acogida le aguardaba la suegra de Simón enferma. Solo unas horas más tarde, pero ya anochecido, los enfermos de Cafarnaún hacían cola ante sus puertas demandando su atención. Y, con las primeras luces del alba, el día volvía a comenzar con toda una población buscando nuevamente su presencia sanadora.

Nosotros solemos buscar la energía para tanta actividad en el necesario descanso, el esparcimiento mental, el deporte…el evangelista nos muestra cómo el Señor lo encontraba en una oración en la que se refugiaba con frecuencia.

La oración no es el bálsamo de Fierabrás. No es un remedio mágico que vaya a diluir taumatúrgicamente nuestros problemas. La complejidad de este mundo que nos tiene a todos tan erosionados no va a desaparecer a la vuelta de una eucaristía o después de un rato de oración, sin duda. Pero esa eucaristía, esa oración, esos momentos de encuentro con el Señor en los que podamos prodigarnos sí que nos irán transformando, poniéndonos en onda con lo que el Señor quiere de nosotros y aportándonos ese necesario soporte vitamínico, imprescindible para enfrentar la vida cristianamente y regresar a casa con fuerzas para seguir velando por quienes Dios ha puesto a nuestro más íntimo cuidado.

DESDE EL MANEJO DE LAS EMOCIONES

(Hombre, psicólogo, casado, padre de dos hijos, trabaja,)

Vivimos en el mundo del HACER, casi que está mal visto pensar, reflexionar, y si sientes además tiene que ser para ser feliz, pero no para analizarte o analizar el mundo que te rodea. «Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar». En otro pasaje Jesús se marchó al desierto a estar solo, a encontrarse a sí mismo, a sentirse sus miserias y probablemente su paz interior, sus miedos y todo su interior. Hay demasiado ruido y demasiada poca introspección, sencillez para sentarnos a no hacer nada, solo a pensar en nosotros, en silencio, a reflexionar. Hay demasiado ruido y demasiado poco silencio para buscarse, para encontrarse, para buscar. Como hizo Él..

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