SEGUNDO PASO: MEDITATIÓN

Posted on septiembre 26th, 2020 in > SEGUNDO PASO: MEDITATIO by admin

¿Qué nos dice el texto?

Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.

DESDE LA ENFERMEDAD

(mujer, casada, jubilada, convaleciente, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar)

La respuesta y actitud de los dos hermanos  me ha hecho recordad algo que experimente durante mi enfermedad en relación a las personas que se preocuparon por mi estado de salud. Me sorprendió en gran manera el interés de algunas personas que no esperaba ni de manera remota, no al menos con el interés y cariño con que lo hicieron, con algunas por distintas razones casi había perdido el contacto, o llevaba años sin saber de ellas, pero en ese momento estuvieron allí a piñón fijo. ¡De qué manera me sorprendieron,! desde entonces han vuelto a entrar en mi vida. De la misma manera me encontré otras con las que tengo trato muy cercano y muy estrecho pero que en ese momento desaparecieron sin que aún hoy llegue a comprender por qué, a pesar de ello sigo manteniendo relación con algunas como si hubiera habido un ( ), otras se evaporaron. Puedo comprender a las primeras pero no a la segundas.

Es verdad que a pesar de nuestras buenas intenciones y de los mejores propósitos, nuestras acciones muchas veces vienen supeditadas por circunstancias ajenas o externas a nuestra voluntad. Para mi cobra mayor importancia el que las palabras y promesas que hacemos al Señor y a las demás personas cuentan en la medida que van respaldadas por nuestras obras.  A la vez que nuestras obras tienen que ir alineadas en la coherencia de vida. La lealtad y la fidelidad son valores de gran peso. Estoy en un momento que tengo que hacer cambios en mi vida en función de mis circunstancias actuales, es momento de caminar ligera solo siendo honesta y coherente a mi compromiso con el Señor. Siempre desde la lealtad y la fidelidad a lo que soy y a lo que creo.

DESDE EL CUIDADO DE LA CASA COMÚN

(mujer, casada, trabaja, 4 hijos y un perro, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar)

Como siempre, Jesús nos habla claro, nos contrapone claramente dos tipos de personas. Las que hacen creer a todo el mundo que se comportan correctamente pero luego hacen lo que quieren, sin importarles nada, sólo ellos mismos, y por otra parte, alguien, que le cuesta hacer lo que debe y así lo reconoce, que es sincero incluso afrontando posibles consecuencias a llevar la contraria, pero que luego recapacita, se arrepiente y actúa correctamente en silencio, sin buscar reconocimiento, porque sabe lo que está bien.

Algunas veces cuando estoy muy cansada, estoy harta de recoger cosas en casa, etc. Veo algo que hay que tirar al reciclado y me da una pereza tremenda porque me coge más cerca la papelera del baño… La mayoría de las veces termino recogiéndolo de la papelera y llevándolo al compartimento correspondiente, aunque algunas no. Esto es sólo un pequeño detalle en mi actividad diaria, pero puede haber otros ejemplos, como hacer una compra rápida y no fijarme en el origen de los productos, coger el coche porque no me apetece ir andando a un sitio relativamente cercano o porque espero hasta el último momento para salir y ya no me da tiempo de ir andando…. En muchas ocasiones me porto como el hermano hipócrita.

Hoy he leído la noticia de que el humo de los incendios de California está llegando a España. También he leído que el origen del incendio está en fuegos pirotécnicos para un fiesta “para revelar el sexo del bebé” … y me pregunto hasta donde llega el consumismo y el sinsentido hoy en día.

Os animo a que revisemos nuestros comportamientos, diarios o no, nuestros gastos, la dedicación de nuestro tiempo, nuestras actividades de ocio e intentemos hacer una especie de “evaluación de impacto ambiental” y entre todos cuidemos un poco más de nuestra casa común y de nuestro corazón. Pidámosle al Señor un poquito de sentido común y fuerza contra la pereza.

DESDE LO SOCIAL

 (hombre, casado, con tres hijos, trabaja, miembro y directivo de movimientos sociales, y de grupo cristiano) Publicado en 2008

Supongo que a muchos de nosotros la parábola de hoy nos impacta directa y profundamente en nuestro corazón: cuánta distancia reconocemos que separa nuestros pensamientos, nuestras palabras, incluso aquello que sentimos que deberíamos hacer, con nuestros hechos y obras, con lo que de verdad hacemos. Si es así, al menos no estamos satisfechos, instalados en nuestra soberbia y autosuficiencia, lo cual nos distancia de «los ancianos y los sumos sacerdotes», que hoy también abundan en nuestro mundo.

Por el contrario, podemos reconocernos como aquellos «publicanos y prostitutas», pues sabemos que nunca seremos merecedores de los dones de nuestro Padre, y por ello, conscientes de nuestras debilidades y dimisiones, nos situamos en actitud de conversión, pidiendo a Dios que se haga presente en nosotros y guíe nuestros pasos.

Así que lo que Dios valora no son principalmente ni nuestras buenas palabras ni nuestras buenas intenciones, sino la actitud de conversión, el ponernos en búsqueda de su Rostro y el gastar nuestra vida por su Reino, que es amor, justicia y misericordia, sobre todo con los más necesitados y marginados. Desde este enfoque el compromiso social, en cualquiera de sus formas, es ante todo una labor espiritual: movidos por el Espíritu de Dios nos entregamos a la causa de la justicia en nuestro mundo.

Cuántas veces tantas y tantas personas en principio «no creyentes» nos han dado una lección a tantos que en nuestra pertenencia a la Iglesia nos hemos sentido justificados y tranquilizados. Ellos han sido como el primer hermano de la parábola. ¿Y nosotros?

Yo le doy gracias a Dios porque de nuestra experiencia de Su amor nos brota la entrega a nuestros hermanos más desamparados, y le pido que nos acompañe siempre Su presencia para que nos aliente y nos guíe en esa tarea.

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