TERCER PASO: ORATIO

Posted on septiembre 20th, 2020 in > TERCER PASO: ORATIO by admin

¿Qué nos hace decir el texto?

(hombre, casado, trabaja, pertenece a movimiento cristiano)

Dios del universo,

de la vida,

de la historia,

de la humanidad.

Nos has encomendado,

amorosamente,

colaborar en tu trabajo creador,

nos has hecho jornaleros de tu Reino

con lo mejor de nosotros:

nuestra creatividad,

nuestro cuidado,

nuestra capacidad de comunión.

Dios del universo,

de la vida,

de la historia,

de la humanidad.

Somos plenamente conscientes

de que, a lo largo de los siglos,

hemos creado

una serie casi infinita

de injusticias,

de maldades,

de barbarie.

Somos capaces

de lo mejor y de lo peor.

A gran escala y a pequeña escala.

Lo sabemos.

Lo sabes.

La justicia en favor del débil y debilitado

está muy lejos

y parecería que,

en muchos momentos y lugares del mundo

y de la historia, se aleja más y más.

Dios del universo,

de la vida,

de la historia,

de la humanidad:

Jesús ha iluminado nuestra vida

y la vida de los hombres y mujeres de bien

con sus palabras,

con sus presencias,

con sus acciones.

Jesús trabajó manualmente:

madera, piedra,

y posiblemente, cultivo de la tierra,

que eran

E inició su ministerio

impulsado por la energía

que impulsa todo el misterio de la realidad,

toda vida,

toda inteligencia,

todo amor.

Jesús habló de la igualdad y fraternidad radical.

Dio luz a todos los hombres y mujeres de bien.

Jesús generó comunión con sus relaciones.

Iluminó a toda la humanidad

haciéndoles ver las posibilidades de lo mejor del corazón humano.

Y, al fin, puso una mesa

de igualdad,

de fraternidad,

de comunión universal por los siglos de los siglos.

Escogió como alimento de vida

frutos simples y populares

que emergen de la tierra y del trabajo

desde hace siglos y siglos.

Santificó esos dones con presencia del Espíritu.

Y capacitó a sus apóstoles

para que realizaran,

en su nombre,

esta santificación,

hasta el final de los tiempos,

para todos los hombres y mujeres

que desean continuar

el camino de salvación

que inició el Pueblo de Dios,

el Pueblo elegido,

el Pueblo de la promesa.

Con su muerte en la Cruz,

el Señor,

asombrosamente,

ha redimido a toda la humanidad.

También el trabajo humano.

Con su resurrección

inicia un nuevo mundo

en el que cada esfuerzo y cada pena,

sea el ámbito que sea,

tendrán recompensa

y su lugar cuando Él vuelva.

El Espíritu nos llena de esperanza.

El Espíritu nos llena de confianza.

El Espíritu nos llena de fe.

Aunque a veces las tinieblas nos cerquen,

ominosas,

como en estos tiempos de pandemia.

Que, por su Espíritu, por Tu Espíritu,

presente entre nosotros

y las mejores intuiciones

y energías de la humanidad,

se convierta en el quehacer de cada día,

en nuestras familias,

en nuestros trabajos,

en nuestras relaciones,

en alimento concreto y eficaz

de humanización de las personas

con las que nos encontremos.

Señor nos acordamos hoy especialmente

de todos los hombres y mujeres,

de todos los jóvenes

cuya vida de pende de un sueldo modesto

y a veces miserable.

Nos acordamos también

de los que no tienen trabajo

porque la crisis económica de la pandemia

arrasa las áreas más vulnerables

de nuestras ciudades y regiones.

Además, recordamos especialmente

a los que trabajan en condiciones

que vulneran sus derechos

en condiciones que les hacen enfermar,

en condiciones infrahumanas

en tantos y tantos

campos,

fábricas,

comercios

de tantos y tantos lugares

de las periferias del poder económico y político.

Dios del universo,

de la vida,

de la historia,

de la humanidad,

Tú, que eres capaz de convertir los corazones

de maneras que sólo Tú conoces.

Haz que nuestro recuerdo de Cristo

no se quede en sólo palabras

sino que sea un testimonio

y una acción eficaz

de que otro mundo,

otras relaciones,

otra economía es posible:

una economía que ponga a la persona

y al bien común en el centro de todos los procesos

y de los medios y de los fines,

de todas las leyes,

de todos los ideales,

de todas las organizaciones humanas.

Una economía que busque

cuidar la vida,

toda la vida,

y no satisfacer la insaciable sed de oro,

origen de tantos y tantos males.

Danos fuerza y paciencia

para seguir sembrando unión y solidaridad,

para seguir siendo testigos

de la posibilidad de un mundo

que crece como Tú deseas:

que todos tengan vida y vida en abundancia,

un mundo en el que llegue

a todos los hombres y mujeres de la Tierra

la parte adecuada de los frutos de su trabajo

y la retribución justa a su tiempo.

Que todos juntos,

cada uno en la hora que le toca hora

y en el puesto que los remolinos

de la sociedad y de la historia

nos ha tocado en suerte,

según tu Providencia,

siempre amorosa

aunque a veces tan oscura,

e incluso, inescrutable,

colaboremos

colaboremos en la construcción

de ese mundo que ya ha empezado

y que camina, según tus designios

hacia la recompensa final

por los siglos de los siglos.

Amén.

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