TERCER PASO: ORATIO

Posted on mayo 3rd, 2020 in > TERCER PASO: ORATIO by admin

¿Qué nos hace decir el texto?

(hombre, casado, trabaja, pertenece a movimiento cristiano)

 

¡Ven, Espíritu divino!¡ Manda tu luz desde el cielo.

Buscamos fuentes de coraje en estos tiempos duros que nos tocan vivir.

¡Transfórmanos para que transformemos los momentos concretos de miedo

en momentos de esperanza, en momentos de vitalidad, en momentos de fraternidad!

¡Ven, Espíritu divino! Gozo que enjuga las lágrimas.

Ábrenos el corazón para sentirte, aún más,

presente entre tanto dolor que nos aflige en esta pandemia.

¡Alégranos para que alegremos!

¡Ven, Espíritu divino! Don, en tus dones espléndido.

Ilumina a tus pastores, a los gobernantes, a los que tienen que tomar decisiones

para que busque cuidar la vida, toda la vida, y especialmente la de los más necesitados.

¡Bendícelos para que sus decisiones sean bendiciones para los más maltratados por esta pandemia!

¡Ven, Espíritu divino! Luz que penetra las almas.

Haz que veamos horizontes nuevos para un futuro

donde toda vida humana sea cuidada, sea respetada, sea favorecida.

¡Ilumínanos para que seamos cálida luz fraternal allí donde hubiere necesidad!

¡Ven, Espíritu divino! Fuente del mayor consuelo.

Auméntanos la confianza en que todo, al final, saldrá bien.

Pero, muchas veces, es tan difícil ser hombres y mujeres de esperanza.

¡Fortalécenos para que podamos ser referencia viva y acogedora

en un mundo que parece que ha perdido el camino y el horizonte!

¡Ven, Espíritu divino! Dulce huésped del alma.

Alimenta nuestros silencios reverentes.

Alimenta nuestro corazón tan humano.

Alimenta nuestros deseos de comunión.

¡Abre nuestras casas, abre nuestros bolsillos, abre nuestras mentes

para que seamos signo eficaz de la gran verdad que nos revelas:

todos estamos llamados a formar y cuidar la familia humana!

¡Ven, Espíritu divino! Descanso de nuestro esfuerzo.

Ayúdanos a reposar en tu Presencia, en tu Amor, en tu Vida.

¡Serénanos para poder ser instrumentos de paz,

en estos tiempos de ásperas palabras y desprecios por ideologías o siglas!

¡Ven, Espíritu divino! Entra hasta el fondo del alma, Divina luz, y enriquécenos.

Amplía nuestra conciencia. Amplía nuestro entendimiento.  Amplía nuestra lucidez.

Rompe las barreras en las que nosotros mismos encerramos todo el poder que proviene de ti:

poder que atraviesa los siglos, poder que atraviesa las tragedias.

Poder que atraviesa los peores momentos de la historia humana, a veces demasiado humana.

¡Refuérzanos para que seamos constructores de puentes,

de mesas compartidas, de vida cuidada y bendecida!

¡Ven, Espíritu divino! Mira el vacío del hombre si tú le faltas por dentro.

Buscamos anclarnos a la roca que nos salva de verdad.

Vemos cómo se desmoronan tantas falsas seguridades, tantas agendas de soberbia,

tantas prioridades idolátricas, tantos proyectos de muerte hipertecnologizada.

¡Llénanos de tu presencia, de tu sencilla intensidad, de tu autenticidad vivificante!

¡Ven, Espíritu divino! Mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento.

Haznos ser, aún más, sacramento de unidad de todos los seres humanos.

Haznos, aún más, testigos de que otra manera de convivir es posible,

otra manera de hacer política es posible, otra manera de hacer economía es posible.

¡Ven, Espíritu divino! Riega la tierra en sequía.

Tenemos una dura costra:

siglos de ritos, siglos de doctrinas, siglos de costumbres parecieran que nos paralizan…

Siglos de repetirnos que hacen que nuestra palabra, nuestra presencia,

nuestra propuesta suene ajena a lo mejores hombres y mujeres

que dan la mejor de sí en la construcción de un mundo mejor, más digno.

¡Ven, Espíritu divino! Sana el corazón enfermo.

Vivimos enfermos de idolatrías.

Queremos tener más y más. Queremos aparentar más y más. Queremos predominar más y más.

Vivimos enfermos y hacemos enfermar a la Tierra, la Casa común.

¡Conviértenos para que cuidemos aún más la Tierra, la Casa común

y sea, de verdad una casa donde la dignidad de los hijos de Dios se muestre

en toda clase de organizaciones, en toda clase de instituciones, en toda clase de políticas!

¡Ven, Espíritu divino! Reparte tus siete dones según la fe de tus siervos.

Haznos más creativos, haznos más libres,

haznos más eficaces en nuestras acciones caritativas, sociales, liberadoras.

¡Renuévanos intensamente para que nuestro testimonio

inspire a hombres y mujeres de bien en la construcción de un mundo mejor.

¡Ven, Espíritu divino! Por tu bondad y tu gracia, dale al esfuerzo su mérito.

Haznos aprender de las mejores mentes y los mejores corazones

para que toda profecía que de sentido y sensibilidad humana dentro de esta urgencia

sea multiplicada para que todos tengan vida y vida en abundancia.

¡Ven, Espíritu divino! Danos tu gozo eterno.

Danos tu unidad. Danos tu comunión. Danos tu impulso.

Aún más. Aún mejor. Aún más fuerte.

¡Ven, Espíritu divino! Amén.

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