SEGUNDO PASO: MEDITATIO

Posted on marzo 22nd, 2020 in > SEGUNDO PASO: MEDITATIO by admin

 

¿Qué nos dice el texto?

Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.

 

DESDE LA RELIGIOSIDAD POPULAR

(hombre, casado, trabaja, dos hijos, cofrade y hermano de varias hermandades de penitencia)

 

El Evangelio de hoy me invita a ver la dificultad como una oportunidad para que Dios actúe en nuestra vida, al igual que actuó en la vida del ciego del Evangelio.

Los cofrades, como todos, estamos viviendo momentos de dificultad, en el que nuestras ilusiones, esperanzas y motivaciones, pudieran parecer que desaparecen…las túnicas quedaran colgadas en los armarios, y las medallas de nuestras cofradías permanecerán también confinadas en el cabecero de nuestra cama …Todo ha cambiado…salvo la presencia de Dios.

El Señor sigue a nuestro lado, al igual que su Bendita Madre, (Ella es Nuestra Esperanza) limpiándonos la mirada, fijándonos en lo verdaderamente importante, viendo al otro como un hermano y curándonos la ceguera que a veces hemos podido tener, es ahora, en la dificultad, cuando, si estamos atentos, dejaremos que Dios nos preste sus ojos, para tener una mirada limpia.

Hoy, la palabra Hermandad tiene que dotar de significado más que nunca a nuestras cofradías, tenemos que estar unidos, apoyándonos, siendo familia con el consuelo de que nuestros sagrados titulares están a nuestro lado.

 

DESDE LA ENFERMEDAD

(mujer, casada, jubilada, convaleciente, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar)

 

El evangelio me lleva a preguntarme en que estado me hallo delante del Señor. A reflexionar sobre cuáles son nuestras cegueras. Cuáles son mis cegueras

En estos días, en donde estamos viviendo la peor crisis sanitaria de nuestra historia reciente, producida por el Covid-19 me llama la atención el comportamiento de algunas personas que a pesar de las advertencias siguen realizando una vida normal. «Yo no he cambiado en nada mis hábitos rutinarios por el coronavirus», explicaba una de las entrevistadas en una cadena de TV. O robando mascarillas. O saliendo a tomar el sol en la playa como si de vacaciones se tratara. Tienen una ceguera de ego que no les permite ver a los otros. El egoísmo, la inconsciencia, la insolidaridad la irresponsabilidad, son cegueras que nos impiden ver la realidad, que nos impiden ver al hermano. ¿Qué nos pasa? ¿Estamos ciegos? Ya lo dice el refrán, que no hay peor ciego que el que no quiere ver. Menos mal que son los menos porque frente a estos, estamos viendo a personas comprometidas, responsables, altruista, que sacan lo mejor de sí y que aportan una gran creatividad para hacer frente a esta situación especial que nos toca vivir.

Recobramos la vista cuando nos volvemos prudentes y responsables. Cuando en nuestro camino no dejamos detrás al hermano. Cuando nuestra prioridad no se cierra en el “yo”, sino en el “nosotros”. Es tiempo de olvidar nuestros propios planes pensando en el bien común. un buen momento para que mostremos cordura, también paz y esperanza, reconociendo que nuestra vida no depende de nuestras apetencias, ni de la entrada de algún microorganismo en nuestro cuerpo. Depende de Dios que determina el comienzo y el final de nuestra vida. Él conduce el hilo de la historia, no se le escapa nada.

Señor cúrame de mis cegueras. Que ningún virus me haga permanecer ciego frente al hermano. Se mi luz para caminar en estos momentos difíciles

 

DESDE LA CUARESMA EN LA VIDA ORDINARIA

(hombre, soltero, trabaja en país extranjero, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar en su tierra natal)

 

Se me hace inevitable llevar la lectura del evangelista Juan a la realidad que vive el mundo. Y me resuenan las palabras de Jesús al comienzo del texto: ‘Mientras es de día, tenemos que hacer las obras del que me ha enviado; viene la noche, y nadie podrá hacerlas’. Tiempo de oscuridad, encerrados en casa, sin saber qué va a pasar, sin poder hacer nada.

Invita Jesús al ciego a lavarse. Nos están invitando desde todos los medios, sanitarios y gubernamentales, a lavarnos continuamente.

Y al igual que los incrédulos testigos de la curación, que se niegan a ver la acción de Dios en aquel milagro, me cuesta a mi ver la mano de Dios en la crisis que estamos viviendo. Jesús me responde al final del texto del Evangelio: «Para un juicio he venido ya a este mundo; para los que no ven, vean, y los que ven, queden ciegos». Y ciertamente me cuesta ver y entender todo esto que está pasando.

Pero quizás, si gano en presencia y en consciencia, me de cuenta de la necesidad de parar(me). Estos días he podido hablar con mi familia y con mis amigos más de lo que lo he hecho en los últimos años, y entiendo que no sólo me está pasando a mi. Dedicarles tiempo de calidad, también a Dios y a la oración. A las 12:00 uniéndome a mi comunidad parroquial en las que suenan las campanas, y a mi diócesis, me paro ante Dios, y ante María, y rezo el Ángelus, sintiéndome parte de la gran comunidad Iglesia. Y con mi comunidad, de la que estoy lejos físicamente, he podido estar más cerca, con videollamada, para compartir la reunión semanal.

Sólo dejándome limpiar por Jesús, seré capaz de VER realidades que antes no veía, estando cegado por mi trabajo y mis preocupaciones. Y viendo, comienzo a descubrir cómo ante la adversidad, somos capaces de comportarnos de otra manera. Soy capaz de ver la acción de Dios en lo que me (nos) pasa.

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