SEGUNDO PASO: MEDITATIO

Posted on marzo 15th, 2020 in > SEGUNDO PASO: MEDITATIO by admin

¿Qué nos dice el texto?

Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.

DESDE LA RELIGIOSIDAD POPULAR

(hombre, casado, trabaja, dos hijos, cofrade y hermano de varias hermandades de penitencia)

Que suerte tenemos los cristianos de contar con un Dios, que en la figura de Jesús se hizo hombre con las mismas necesidades que nosotros, como aparece en este evangelio. Y es que contar en mi día a día con Dios, sabiendo que me voy a sentir entendido, y comprendido ya que Él, también tuvo las mismas necesidades y sentimientos que tenemos los hombres, me ayuda muchísimo a entablar relación con Él, como hizo la mujer en el pozo. Así yo también hablo, dialogo y en definitiva oro con el Señor.

Los cofrades tenemos multitud de ocasiones para dialogar con Cristo, en el día a día en la Iglesia o capilla en la que están nuestros Titulares, o en los actos de culto que en las cofradías preparamos en este tiempo de Cuaresma, pasando por Besapiés o Besamanos. Es en ese diálogo u oración dónde le pedimos al Señor que nos dé de esa agua Viva que calma nuestra sed.

A mi personalmente me encanta hablar con Él en el Besapiés, siento que se acerca a mí, que “baja” a nuestra altura, que me mira a los ojos, y es como si en ese diálogo que mantenemos estuviera más cerca, como si estuviera más atento y es ahí dónde le pido y le doy gracias por tanto que nos da, y para que siga cuidándome y saciándome con ese agua que sólo Él puede dar y que cuando la pruebas experimentas la Felicidad verdadera.

DESDE LA ENFERMEDAD

(mujer, casada, jubilada, convaleciente, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar)

 

El encuentro de Jesús con la samaritana, me hace recordar cómo fue mi encuentro personal con Él. Yo conocía a Jesús. Siempre me hablaron de él, en mi familia, en mi colegio. Pero mi experiencia no era personal, era la experiencia vivida por otros. Ya tenía algunos años cuando él salió a mi encuentro. La iniciativa no partió de mí, sino que fue de él. Sentado en el camino de mi vida, esperó el momento propicio para hacerse presente. Tampoco fue un encuentro súbito, que me llevara a caer del caballo como a Pablo, sino que fue poco a poco. Porque mi cántaro iba lleno de tantos apegos, de tantos prejuicios, de tantas cosas… que había poco sitio para el Agua Viva. Y hubo que ir vaciándole de todos esos lastres. Supuso poner al descubierto los valores en que cimentaba mi vida, me hizo ver y aceptarme tal como era. Llevó su tiempo. Tiempo de luces y sombras, de encuentros y desencuentros. No fue fácil.

Pero cuando decidí acercarme al Señor sin condiciones, dejar que tocara mi corazón, que se quedara en mi vida. Ese encuentro me cambia, me sana, saca lo mejor de mí, llena de sentido mi vida. Hace que valga la pena. Ese encuentro con el Señor, hizo que sintiera también la necesidad de compartir esa experiencia con otros, de compartirlo en comunidad. Igual que lo compartió la samaritana.

Han pasado muchos años desde entonces, y ahora que se acerca el atardecer de mi vida, veo la importancia de ese encuentro, pero sobre todo la importancia de haberlo cuidado.  Ya no tengo tiempo que perder en tonterías, en naderías, en insignificancias. Solo de ir a lo esencial, a lo fundamental, a lo importante. Y lo importante y lo esencial es Él.

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