SEGUNDO PASO: MEDITATIO

Posted on febrero 9th, 2020 in > SEGUNDO PASO: MEDITATIO by admin

¿Qué nos dice el texto?

Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.

DESDE LA FAMILIA Y LOS NIÑOS

(matrimonio, trabajan ambos, dos hijas pequeñas, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana)

Jesús nos habla con palabras sencillas y directas para indicarnos nuestra misión. La función de la sal es aderezar, realzar el sabor de los demás ingredientes. Lo fundamental son los otros elementos pero la sal marca la diferencia al mezclarse. Por sí sola, la sal no cumple su cometido, sino que cobra sentido en relación con lo demás. De esta manera debemos vivir nuestra fe, desde nuestra pequeñez y con nuestras limitaciones, pero con el corazón entregado a Dios y la mirada y las manos ofrecidas a nuestros hermanos.

Lo mismo ocurre con la luz pues ilumina lo que se encuentra alrededor, no es algo para ser contemplado, sino para que los demás vean mejor y sean mejor vistos. El foco, por tanto, no se pone en nosotros y nos obliga a descentrarnos.

En este sentido, cuando nos planteamos qué educación queremos brindar a nuestras hijas siempre tenemos una cuestión de fondo: lo principal es procurar que sean felices y se sientan queridas por su familia y por Dios Padre. Pero no resulta fácil, el camino de la paternidad/maternidad se construye cada día y estamos sometidos a estímulos y presiones sociales contrarias al evangelio. No se nos estimula a ser sal o luz, sino a la competitividad, la necesidad de ser los mejores o el liderazgo mal entendido, que son elementos que pueden afectar el crecimiento personal y de fe tanto de nuestras hijas como el nuestro.

Supone un gran reto en el contexto actual educar en los valores que Jesús nos mostró, como la bondad, la cercanía, la generosidad, la compasión, la empatía o la tolerancia.

Para ello no dejamos de pedir al Señor que nos fortalezca como una familia valiente, dispuesta a tomar decisiones que nos comprometan y abriendo nuestra casa y nuestras vidas a los demás. Le pedimos al Señor que nos haga ser sal y luz para nuestras hijas y para los demás.

DESDE LA PALABRA EN LA VIDA COTIDIANA

(mujer, soltera, trabaja, perteneciente a movimiento cristiano y comunidad seglar)

En esta palabra veo cual es la misión que tengo en la Iglesia de ser esa sal que sala y esa luz que ilumina

¿Como podrán creer tantas gentes que hay a mi alrededor? Dentro de mi familia y compañeros de trabajo que no creen, que la Iglesia no les sirve para nada.

Pues solo podrán creer si realmente ven en mí una actitud de cristiana, si de verdad puedo perdonar al otro, poder ponerme al servicio del otro de corazón sin esperar nada a cambio .

Porque solo el Amor puede cambiar el corazón del hombre.

DESDE LA ENFERMEDAD

(mujer, casada, jubilada, convaleciente, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar)

Me dice el evangelio que “Soy la sal de la tierra”, ¡que bien!. Y sigue “Si la sal no sala, ¿con qué la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada a fuera y pisoteada por los hombres”… esa sal ya no vale. Y pienso: ahora, cuando llegan los fríos días de invierno y caen las heladas, esparcimos sal en el suelo para que sea pisada y así evitamos accidentes por caídas, resbalones, derrapes… en este caso es bueno. 
 
También me dice que soy la luz “Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa”, vaya debo ser ¡la luz sobre el candelero!. Y pienso que hace años a mis hijos, y ahora a mis nietos, cuando se quedan en casa, les pongo de noche una pequeña luz (lo llamamos piloto) que está en un lado de la pared (ni siquiera en el centro), que da muy poca luz, pero la suficiente para que si se despiertan de noche puedan levantarse sin tropezar, o para que no les asuste la oscuridad. Y entonces me pregunto qué tengo que ser ¿luz que brilla? ¿sal que da sabor? o ¿tengo que hacer?. No sabría decidirme, porque, aunque sea la sal que pisan, mejor, si con ello evito que otros caigan.  Aunque sea una pequeña luz, si alumbro lo bastante para que otros no tropiecen también mejor.
 

Lo importante es que mi forma de vida sea testimonio del amor de Dios

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