SEGUNDO PASO: MEDITATIO

Posted on diciembre 29th, 2019 in > SEGUNDO PASO: MEDITATIO by admin

 

¿Qué nos dice el texto?

Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.

DESDE LA FAMILIA Y LOS NIÑOS

(matrimonio, trabajan ambos, dos hijas pequeñas, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana)

Contemplamos este domingo a Jesús, María y José. Ahora ya sabemos quiénes son, los conocemos. Intentemos, sin embargo, verlos de una manera nueva. Intentemos identificarnos con ellos. Estamos ante un matrimonio joven, que se quiere y que se respeta. Un matrimonio que está feliz, que ha tenido un hijo que es un regalo de Dios y que está llamado a cosas que los padres aún no pueden sino atisbar o imaginar. Es una familia humilde, que vive austeramente. José trabaja como carpintero, María cuida de la casa y de Jesús. En su sencillez, intentan descubrir la presencia de Dios en su vida, escuchar su voluntad y cumplirla. Intentan llevar una vida buena y tranquila.

Así las cosas, surge un grave peligro. Un gran problema. Y José, poniéndose en manos de Dios, decide que toda la familia debe migrar. No se marchan para hacer turismo o para enriquecerse. Se marchan porque no tienen mucha salida. Porque están protegiendo lo más sagrado que tienen: la vida de Jesús. No se nos habla de la vida en Egipto, pero podemos imaginar que una familia tan humilde no lo debió tener fácil. Con esfuerzo, lograrían aprender el idioma y adaptarse a su nueva vida, intentando mantener sus raíces (especialmente su fe) y la ilusión del retorno que finalmente lograron.

Contemplando a esta familia vemos para la nuestra un modelo. Nos sentimos llamados, como ellos, a vivir austera y sencillamente en una comunidad de amor (o Iglesia doméstica) en la que el servicio y la protección de los más débiles -a menudo las hijas, pero con frecuencia también ancianos o enfermos- sean lo primero, y en la que sea misión constante descubrir la presencia de Dios y discernir y cumplir su voluntad.

Por otro lado, contemplar cómo la Sagrada Familia fue una familia migrante, nos pone en comunión con todas las familias que migran (o cuyos miembros migran). También ellas con mucha frecuencia huyen de distintos peligros y sufren durante años… o mueren sin que le importe a casi nadie. Le pedimos por ellos al Señor, para que les acompañe y ayude en su camino. Y le pedimos también por nosotros, para que seamos una familia acogedora y sepamos acompañar, en lo posible, el camino de nuestros hermanos y hermanas migrantes.

 

DESDE LA ESPERANZA DE LOS EXCLUIDOS

(hombre, casado, trabaja en cáritas con personas sin hogar)

No es difícil establecer un paralelismo con la actual situación que vivimos en nuestro mundo. Son miles las personas que, huyendo de la guerra o la explotación, buscan una vida mejor, teniendo que abandonar a su familia, a sus amigos, su casa, etc.

Los textos bíblicos de la Navidad no dejan lugar a duda: Jesús nace en un establo, sin sitio para él en una posada, tiene que abandonar su tierra y buscar un lugar seguro donde vivir… Y sin embargo, nosotros, en nuestro entorno europeo, seguimos celebrando el nacimiento de Jesús mientras cerramos nuestras fronteras a quienes, como María y José, buscan un lugar donde simplemente vivir con dignidad.

En aquellos tiempos fue Herodes quien ordenó buscar a Jesús para darle muerte, y hoy, son otros los gobernantes que ordenan la muerte de miles de personas en nuestras costas. Pero hay algunas diferencias, vivimos en un contexto democrático, y cada persona, en el ejercicio de sus derechos de ciudadanía, elige a quienes nos gobiernan.

Lamentablemente, hemos visto en los últimos tiempos cómo han aumentado los bulos sobre la inmigración, como crecen los mensajes xenófobos que fomentan el odio hacia las personas migrantes. Y, por desgracia, vemos como cada vez se separa más la fe de la vida, limitando la fe a una creencia, al culto a una divinidad o, a lo sumo, a una forma de comportamiento relacionada con determinados ámbitos de la moralidad.

Somos responsables de nuestras decisiones, de nuestras acciones y de nuestras opciones políticas. Y hoy, cuando mire a los ojos a Salah, a Ahmed… recordaré que seguir a Jesús es reconocerles como hermanos míos, como compañeros de viaje… Espero que mi indignación se convierta en compromiso, que su mirada me ayude a no normalizar la exclusión y la desigualdad, que no me acostumbre a lo que es intolerable, que no me olvide nunca del lugar que Dios eligió para hacerse presente en nuestras vidas.

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