SEGUNDO PASO: MEDITATIO

Posted on octubre 6th, 2019 in > SEGUNDO PASO: MEDITATIO by admin

 

¿Qué nos dice el texto?

Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.

Ante el Octubre Misionero Extraordinario convocado por el Papa Francisco, dedicamos este tiempo ordinario a esta perspectiva.

 

DESDE LA MISIÓN

(mujer, soltera, jubilada, colaboradora voluntaria en misiones populares)

Los que siguen al Señor, los que van con Él, le piden le exigen que «aumente su fe».

Ellos que han sido elegidos por el Maestro y que le acompañan personalmente vaya donde vaya, se sienten incapaces de llevar a buen término la predicación de la Buena Noticia. Le piden ayuda porque saben que el anuncio del Reino ,no es una misión sencilla, fácil.

Servir a Cristo, anunciar su Evangelio a todas las gentes, es sobre todo una cuestión de confianza, y una fe ciega en el Maestro, y aunque ellos la tienen, quieren hacerla más fuerte más robusta que «mueva montañas» y aunque la suya sea pequeñita como un «granito de mostaza», dice Jesús que hasta la propia Naturaleza se nos rendiría y nos obedecería, porque para Dios no hay nada imposible, lo puede todo…y nuestra fe es un don suyo, un regalo que nos ha hecho, que no hemos adquirido por nuestro esfuerzo, sino por gracia Suya, por iniciativa de Él para servirle amarle y honrarle.

Somos sus siervos, los que tenemos que servirle y hacerlo de una forma gratuita, ya que El no nos debe nada, absolutamente nada por hacer nuestro «trabajo». ¿Pero quién soy yo para merecer el privilegio de la fe? Y si me lo han «regalado» soy yo quien tengo que  estar muy agradecida y es esa mi misión: La Buena Noticia ha llegado a mi vida y no puedo guardarla para mí y por eso me siento misionera y con ganas de anunciar a todo el mundo, en mi casa, en mi parroquia, en mi trabajo, en la  calle, en cualquier sitio que esté, la Palabra de Dios, el Evangelio de Jesús.

El sabio Papa Francisco, ha dicho que todos los bautizados somos misioneros y que tenemos como Misión evangelizar porque ese es el deseo del corazón de Dios…y por eso quiero pedir a Jesús que aumente mi fe, pues la tarea no es fácil ni sencilla.

DESDE LA MISIÓN

(mujer, soltera, profesional, misionera laica en país desfavorecido)

Aumenta nuestra fe… Cuando tenemos fe, no solemos ser conscientes del gran don recibido, pues la fe es un don. Recuerdo cuando estaba en Bolivia, vino el presidente de una fundación que colaboraba con nuestro proyecto, una gran persona pero no tenía fe y me preguntó ¿crees que todo esto que hacemos realmente sirve para algo? Yo le contesté, sino sirviese para nada yo no estaría aquí.

Aparte del gran don de la fe, recibimos muchos dones de Dios. Como seguidores de Jesús nos debería salir de manera natural ponerlos al servicio de los demás, al servicio de su proyecto, un mundo más justo y solidario.

En Latinoamérica me encontré con situaciones muy difíciles y complicadas, donde una se siente imponente, sólo quedaba hacer todo lo que podía y he vivido la experiencia de cómo Dios se encarga del resto. Es cierto que, en alguna ocasión, caí en el engrandecimiento y este es un peligro del que me tengo que cuidar, pues sólo soy un instrumento de Dios. Muchos de los logros no eran sólo obra mía o del equipo sino de Dios.

Pero también se dan fracasos, y la fe es la que nos ayuda a no caer en el desánimo y la desesperanza, a levantarnos y seguir trabajando por el Reino sabiendo que no estamos solos.

DESDE LA MISIÓN

(hombre, soltero, trabaja, participante en experiencia misionera, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar)

“Si tuvierais fe como un granito de mostaza…” “Somos siervos inútiles, hemos hecho lo que teníamos que hacer…” El verano de 2017 un grupo de jóvenes de la región de Bética nos pusimos rumbo a la misión de Humahuaca para realizar una experiencia de 40 días. Durante esos días pudimos experimentar diferentes sensaciones; desde los momentos de mayor alegría hasta desconcierto por no saber si lo que hacíamos tenía algo de sentido. Pero desde luego más de un día, cuando el agotamiento llama a la puerta, pensábamos la siguiente frase, “yo creo que por hoy es suficiente”. Y hoy en día nos podemos hacer la misma pregunta, ¿Cuándo es suficiente? ¿A partir de qué punto podemos conformarnos con nuestro desgaste? ¿Hasta dónde debe llegar mi entrega y mi fe? En la pasada asamblea, realizada en Medellín, se dio en la clave. Estamos llamados a la entrega desbordante y absoluta. Durante nuestra estancia en Humahuaca aprendí a diferenciar cuando hablaba el cansancio y cuando hablaba Dios. Al final no tenía sentido rezar a Dios para que nos librara del cansancio o el frío, únicamente podíamos pedir que aumentara nuestra fe, porque solo así se superan los obstáculos que encontramos en nuestra entrega.

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