SEGUNDO PASO: MEDITATIO

Posted on junio 2nd, 2019 in > SEGUNDO PASO: MEDITATIO by admin
¿Qué nos dice el texto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.

DESDE LA ENFERMEDAD

(matrimonio, 50 años casados, él enfermo, ella le cuida, pertenecen a comunidad parroquial)  
Leyendo el Evangelio, me ha venido a la cabeza, la meditación de “Mi Cristo Roto”, una meditación preciosa que aconsejo busquéis en youtube y la oigáis tranquilamente. Desde este pequeño paréntesis, comienzo hoy mi reflexión. La muerte y Resurrección la tenemos muy presente en nuestro día, la oscuridad y la luz, de ahí el recuerdo a este audio, donde tenemos demasiados “Cristos rotos” no sólo en imágenes, también en los hermanos más cercanos, en aquellos que nos necesitan, donde tenemos que ser testigos y apoyo para ellos mediante la fuerza que se nos envía, ayudando a que sientan la alegría de Cristo resucitado.
Algo que tengo claro y que puede perecer “cursi” o una frase hecha: “No soy yo la que vive, es Cristo quien vive en mi”. Esa fuerza que muchas veces hasta yo me extraño, me viene de Él. Así que, a seguir luchando.
Feliz Domingo.
DESDE EL TRABAJO
(hombre, casado, dos hijos, trabaja, pertenece a comunidad cristiana y movimiento eclesial)

Somos testigos. Alegres contamos por los pueblos aquello que hemos visto.
Pero por la reacción del oyente de hoy, lo que hemos visto no debe ser algo significativo. Lo que contamos no sale en las noticias, ni se hace el silencio cada vez que hablamos. Normalmente es motivo de mofa, escarnio, y en los mejores ambientes, condescendencia. Hablamos de algo que sólo parece interesar a los que lo han visto. Al resto no les despierta gran interés.
¿Seguro que estamos siendo testigos de lo mismo que los primeros cristianos? Ponte a hablar de un muerto que resucita a los tres días en el desayuno del trabajo. De lo que te ha dicho el Espíritu. Que Cristo va a venir, y que lo mejor que podrían hacer es dejarse de padel, de fiestas, de hipotecas, y convertir su corazón. Que sus pecados (PE-CA-DOS, vaya palabra para una conversación) son perdonables. Imagina cuán extraña sería una conversación así y el rechazo que provocaría en nuestros oyentes.
El caso es que si no se habla de esto… ¿Cuál es nuestro testimonio?¿de qué les estamos hablando?¿les estamos hablando?. En serio ¿De qué somos testigos?
Independientemente de las dificultades de adaptación del mensaje, es lógico pensar que si ceñimos nuestro testimonio explícito (con palabras o gestos) a las reuniones con aquellos que ya creen, difícilmente estamos predicando a los pueblos.

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