SEGUNDO PASO: MEDITATIO

Posted on abril 21st, 2019 in > SEGUNDO PASO: MEDITATIO by admin
¿Qué nos dice el texto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
DESDE LA EDUCACIÓN DE LOS HIJOS

(matrimonio, él trabaja, con cinco hijos, pertenecen a comunidad cristiana de matrimonios)  
El otro día nuestro hijo de cinco años nos explicaba muy ufano “Jesús murió en la cruz por amor”. Eso es verdad y está muy bien, le dijimos, dar la vida por los demás, pero no te olvides que después RESUCITÓ, porque sin esto nuestra alegría y nuestra salvación no sería completa.
Como cristianos se nos debe notar ese gozo de la resurrección. A los niños les comentamos que cada día es un regalo en el que hay que buscar la felicidad. Que si bien tiene sus muertes (enfado con algún amigo, frustración por no poder ir a la playa, sacrificio en horario por tareas pendientes, enfermedad de un familiar…) tarde o temprano tendrá su resurrección (reconciliación, aprendizaje de autocontrol, de la paciencia, de la responsabilidad, de ser generosos con nuestro tiempo…).
¡Feliz Pascua de Resurrección!.


DESDE EL TRABAJO
(hombre, casado, dos hijos, trabaja, pertenece a comunidad cristiana y movimiento eclesial)

La resurrección resulta increíble porque parte de una derrota. De una muerte de cruz no se debe resucitar. Si Jesús hubiera vencido a todos los ejércitos romanos y arrasado con todas las autoridades, la resurrección sería la guinda de un poderoso pastel. Pero ¿cómo vamos a entender que se resucita en la derrota por mucho que esté escrito en la Biblia?
Al hombre actual, sumergido en el utilitarismo y la productividad, le escandaliza la resurrección hasta la burla. No quiere ver la muerte y la enfermedad porque le recuerdan que nada de lo que hace por sí mismo es eterno. Si hubiera sido una fórmula química milagrosa o algún tipo de medicina revolucionaria no le costaría lo más mínimo: «El hombre, una vez más,superando los límites de la naturaleza». Pero reconocer que sólo hay un Dios que resucita, supone reconocer que por mucho poder que tratemos de acumular, perdemos el tiempo.
Tanto tiempo persiguiendo ser alguien, para que luego Dios le de la razón a los que no llegaron a nada. Tanto esfuerzo por llegar a la cima, para que la vida esté en el valle. ¿Qué justicia última es esa, que no tiene en cuenta el escalafón? ¿Qué justicia es esa que no la imparto yo?
Y esta soberbia ataca hasta a los discípulos. Entendemos la fuerza de una iglesia ONG, politica, cultural, de cristiandad, sin mancha, muy tradicional o muy moderna. Pero nos cuesta tanto creer en la resurrección de una iglesia derrotada en su cruz, que se simplemente se fía de las escrituras.

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