SEGUNDO PASO: MEDITATIO

Posted on febrero 11th, 2018 in > SEGUNDO PASO: MEDITATIO by admin
¿Qué nos dice el texto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.

DESDE LA JUSTICIA
(hombre, casado, tres hijos, trabaja, abogado)

En nuestro camino de la vida muchas veces nos encontramos con los últimos de esta sociedad, los desesperados, gente que anda por la calle, harapienta, sucia, los “leprosos” de este primer mundo. ¿Cuál es nuestra reacción?  Piénsalo.
En mi profesión esta situación se me repite algunas veces cuando asisto en la guardia del Turno de oficio, a algunas personas que se encuentran en situaciones desesperadas, adictos a las drogas, etc. ¿Qué reacción tengo?
Hoy es mejor que nos hagamos la pregunta y la meditemos a la luz del evangelio, algunos es posible que lleguemos a sentir esa compasión (me gusta más esa traducción), el padecer con, pero en muchas ocasiones se queda ahí, más en un sentimiento sin reacción que en una acción desde lo verdadero.
Tratar a todos los clientes  por igual, sin distingos, eso también es colaborar con la justicia, y eso se nota en la calidad de la asistencia, algo se puede hacer, aprendamos de la palabra. Para ello es crucial acudir a Él, de vez en cuando, y con sólo repetir “si quieres, puedes limpiarme”, eso nos ayudará, a buen seguro, a salir ahí afuera con otro ojos.


DESDE LA VIDA COTIDIANA
(hombre, casado, con dos hijos, trabaja, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar)  

Cuando salgo o llego a casa, raro es el día que no me encuentro por mi calle con Ramón, un chico joven que trata de conseguir limosna pidiendo a los viandantes, buscando aparcamiento a los coches que desesperadamente dan vueltas y vueltas esperando encontrar un hueco o mendigando alimento por los bares y restaurantes de la zona. Casi siempre anda desaseado, desaliñado, sucio. Tiene un carácter muy fuerte. Pero es buena gente. Se nota que su vida ha estado marcada por muchas circunstancias complicadas. Aunque vive en otra parte de la ciudad, todos los días viene a mi barrio como quien viene a trabajar. Por eso, aunque sea poco “convencional” y a muchos les incomode, para mí prácticamente es otro vecino más. Muchas veces me detengo a hablar con él, a pesar de que me cuesta seguir su conversación -porque habla rápido y apenas vocaliza-. Pero se nota bastante cuando quiere hablar con alguien, aunque sea de cosas intrascendentes. Y mientras estamos en plena conversación, puedo mirar cómo muchos aceleran el paso y huyen de él para que no les moleste. Supongo que será algo parecido a cómo se reaccionaba ante un leproso en tiempos de Jesús. Sin embargo, a pesar de las apariencias, de la suciedad y de la marginación, cada vez que leo este pasaje del Evangelio me doy cuenta de que quien más se asemeja al leproso soy yo. Yo soy el que está enfermo y ajado por la lepra de mis múltiples incoherencias. Y de todo eso, sólo Jesús es el único que puede limpiarme. Hablar con Ramón -y con muchas otras personas con las que me encuentro día a día- me ayuda a darme cuenta de todo lo que me ata y me limita, de mis egoísmos, de todo lo que me ensucia por dentro y por fuera. Acercarme a Ramón, de algún modo, es una forma de acercarme a Jesús y suplicarle de rodillas: “Si quieres, puedes limpiarme”. Sólo si me dejo sanar y transformar por Él, podré ser un auténtico testigo del Evangelio, y mi testimonio llegará a ser creíble.

 
 

Post a comment