SEGUNDO PASO: MEDITATIO

Posted on enero 27th, 2018 in > SEGUNDO PASO: MEDITATIO by admin
¿Qué nos dice el texto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.

DESDE LA EDUCACIÓN DE LOS HIJOS
(matrimonio con dos hijos, trabajan ambos, pertenecen a movimiento conyugal)

Como padres cristianos, nos compete una tarea que ni de lejos resulta sencilla. En casa y ante nuestros hijos, somos nosotros los llamados a continuar esa tarea “pedagógica” en la que Jesús también empleaba su tiempo, tanto con sus discípulos como con quien se mostrara interesado en sus enseñanzas. Nos corresponde ahora a nosotros sucederle en esa labor de mostrarles los valores evangélicos y lograr que éstos les enamoren.
Es evidente que en ese empeño, por bienintencionados que podamos ser o muchos conocimientos que tengamos, no podremos nunca alcanzar la autoridad que investía al Señor en cada una de sus palabras, en cada uno de sus gestos. Asumida esa limitación, nos queda centrarnos en, al menos, no caer en la imagen del escriba que el evangelio emplea en contraste con la autoridad de Jesús, intentando que nuestras enseñanzas no sean palabras desnudas, sino que broten de nuestro corazón y que inunden nuestra vida.


DESDE LA SOCIO-ECONOMÍA
(hombre, casado, con tres hijos, trabaja, miembro acivo de dos movimientos sociales, pertenece a comunidad cristiana)  

Enseñar con autoridad, es básicamente, enseñar con el ejemplo y hacer lo que se dice. Jesús anunciaba que el Reinado de Dios estaba llegando y lo hacia realidad sanando y curando, es decir, acogiendo y amando, a los excluidos de entonces. Esto es lo que nos toca también a nosotros. Si nos decimos cristianos, es decir, seguidores de Jesús, debemos de curar, acoger, sanar, animar y acompañar a las personas que nuestra sociedad apalea y deja medio muerta en el camino. Esto significa trabajar y apoyar a estas personas y a las instituciones que luchan
con ellas por cambiar su situación. Y también significa comprometerse, para que nuestra vida y nuestros actos promuevan la transformación de un modelo económico social injusto que crea cada vez más víctimas.
Es lo único que merece la pena y nos hará realmente felices, ponernos de parte de la vida, de todas las vidas, de todas las vidas más débiles.

 
 

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