ÚLTIMO PASO: ACTIO

Posted on octubre 15th, 2017 in > ÚLTIMO PASO: ACTIO by admin

¿A qué nos lleva el texto?
(matrimonio, tres hijos, él trabaja, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
Aunque no sea mi sección, “desde el punto de vista de la educación de los hijos”, hoy, aún a riesgo de repetirme, quisiera enfocar este evangelio con un problema de educación con mi 2º hijo, el varón, de 16 años, que me produce un gran desasosiego:

De un tiempo a acá, no quiere asistir a la Eucaristía del domingo, dice que se aburre, que no le dice nada, que es un “peñazo”… ¿Qué os voy a decir que no sepáis…?
En casa, se va a misa los domingos, SÍ o SÍ. Desde que son pequeños, asistimos a la misa de la parroquia juntos, sin posibilidad de escaqueo, a pesar de las frecuentes pataletas e intentos de deserción, que, hasta ahora han surtido poco efecto. Mi mujer y yo lo mantenemos como una “obligación de  casa”, como hacer la cama, estudiar o visitar a la abuela. No es una asistencia pasiva,  nos implicamos en la animación litúrgica, yo toco la guitarra y entre todos, cantamos o leemos o lo que haga falta.  A veces “el todos”, se limita a la “familia Trap”, por eso nos alegra el que cada vez alguien se sume al canto…
Resulta complicado razonar sobre estas cosas con un adolescente de 16 años.
La “obligación”, cada vez es más complicada de hacerla cumplir en casa, ya ha llegado a quebrar el consenso entre mi mujer y yo.
Pues bien, hoy mi reflexión sobre el evangelio, la voy a centrar en mi experiencia de vivencia de la Eucaristía y de paso, en que se convierta en una carta abierta a mi hijo:

<<Querido hijo: ¡ha sido tan importante la misa en mi vida, que me duele muchísimo que tú desees abandonarla…! Como tú, he tenido momentos de crisis de fe, de aridez, de estar como un banco, sin sentir, sin rezar… Pero nunca por eso he dejado de ir (también tenía a mi madre, la abuela, que me “empujaba” a no quedarme en casa…) Esos momentos de aridez, hoy, vistos desde la perspectiva del tiempo, se han convertido en puntos blancos de luz que han llegado a brillar ahora más que celebraciones fantásticas, quizás aquellas  “formas” consumidas, que incluso costaba trabajo tragar, por que no me llevaban al corazón, fueron minando aquel demonio que me invitaba a abandonar ese banquete al cual el Señor me invitaba. La persistencia en no dejar de hacerlo, me ha llevado a donde estoy ahora, a mi vida de fe que, aunque te parezca poco, es la que me sostiene en mi dia a dia, da sentido a mi trabajo monótono y cansado, mantiene unida nuestra familia (no me puedo pelear ni con tu madre ni contigo más que unos dias, el momento de la paz en la misa me “obliga” a reconducir  mi estupidez..) Me ha llevado a no tener miedo y a afrontar los dolores que pueda sufrir,  las pérdidas de seres queridos,  la enfermedad… Te quiero y deseo que tú adquieras esa fortaleza tan fundamental para afrontar tu vida, para no sentirte nunca solo. Siempre tendrás a  Dios, aquel que, dando la vida por amor a tí y a mí, nos invita a comerlo para que nos sintamos  unidos a Él y su “alimento”, llene de sentido todas las cosas que ocupan nuestro día a día, sobre todo  el compromiso en amar al prójimo, sea el que sea…
Realmente para mí, cantar es “rezar dos veces”, siento lo que canto, quiero hacerlo bien , incluso para que ese rezo pueda hacer encontrarse a otros con Dios, lo hacemos por tanto como un servicio comunitario y como una forma de hablar con Él.
A veces me meto contigo con tu forma de vestir el domingo, me gustaría que no te pusieras la ropa de todos los dias para estar con Dios, aunque me duele más no verte comulgar, por que sé que sientes que tu “vestido interior” está manchado y quizás eso te hace perderte lo mejor, el recibir al Señor y que eso, cause en tí ¡cambios increibles! Para eso está la “lavadora del confesionario”, para ir con tu mejor vestido.
Por último, pedirte perdón por mi trato áspero, por todas aquellas veces que he sido mal ejemplo para tí, por no considerarte mi prójimo más cercano, por no ser el cristiano comprometido que debiera, por no ser reflejo de lo que digo que vivo en la misa…
Es quizás ahí donde siento que el Señor me pide mejorar, en dar un mejor ejemplo de padre y de cristiano ante tí. Te quiere, unido en Cristo, tu padre.>>

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