SEGUNDO PASO: MEDITATIO

Posted on Junio 18th, 2017 in > SEGUNDO PASO: MEDITATIO by admin

¿Qué nos dice el texto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.


DESDE LOS JÓVENES
(mujer, joven, estudiante, pertenece a grupo parroquial)

La lectura de hoy me ha trasladado a unos ejercicios espirituales que hice el curso pasado, en el que nos recomendaron que nos pusieramos de rodillas delante del altar para recibir la comunión. Fue un momento tan personal que sentí que estaba sola ante Él y Él sólo conmigo, resguardandome de todos los miedos que tenía en aquel momento.
El lugar ayudaba, era en la casa de convivencias Aliatar, siempre que voy, me llevo un sentimiento nuevo. Además tengo la suerte de estar casi siempre acompañada de mi grupo de fe.
Desde aquel momento cada vez que recibo el Cuerpo y la Sangre de Cristo me siento, como la misma accion dice, en comunión con Él, siento cómo me acoge y me abraza..



DESDE LOS ABUELOS
(mujer, casada, jubilada, 3 hijos, 3 nietos, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar)  

Cada mañana llevo y recojo  a mis nietos del  colegio, poco más de 10 minutos nos lleva hacer  el camino que nos separa desde casa, durante ese tiempo vamos hablando de los divino y lo humano. Hace pocos días la conversación giró en torno a las palabrotas, que ellos perciben ya como algo que no debe decirse, pero que algunos compañeros dicen en el colegio. De hecho el mayor (de siete años) solo me dice “fulano dice esa que empieza por…” sin llegar a pronunciarla; el segundo más aventurado me la deletrea entera, como si con eso no la estuviera diciendo. Explicarles que son malsonantes, ofensivas, ordinarias, es lo que a mí me toca…. Pero otra historia fue cuando llegamos a “hostia”  explicarles lo que representa ese pedacito de pan, el que está sin consagrar  y lo que representa cuando está consagrado, me llevó su tiempo. Explicarles que para los cristianos en la Eucaristía  Jesús se convierte en alimento y bebida, dejándonos como don toda su vida, haciéndonos partícipes de ella desde el primer momento de su Encarnación hasta el último momento, con todo lo que había llenado esa vida: silencio, fatigas, oración, luchas, humillaciones, sanación,  triunfo de la muerte…  Que participamos en la Cena del Señor, lo mismo exactamente que los apóstoles. No sé si entendieron del todo la profundidad de lo que les estaba diciendo, pero si entendieron que era algo muy, muy  importante por el énfasis que puso la abuela en la explicación y que nunca ni de ninguna forma se podía utilizar mal,  no podía ser de otra manera, ¿No está en la  Eucaristía el centro de toda nuestra vida cristiana? En ella el Señor se nos da a sí mismo, en su cuerpo, alma y divinidad.

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