DESDE LA CRISIS

Posted on marzo 9th, 2013 in > DESDE LAS CONSECUENCIAS DE LA CRISIS by admin

(mujer, sostiene hogar materno, sin liquidez la empresa donde trabaja, pertenece a comunidad cristiana)

¿Es el perdón uno de los pilares de nuestra vida?
La lectura que se nos regala en este 4º domingo de cuaresma insita al perdón y hace que me plantee si es éste el que me mueve en muchos momentos de mi vida o si por el contrario dejo que el miedo, el rencor o el egoísmo me lleven por el camino equivocado. 
Un padre tiene dos hijos, uno pide su parte del dinero y se marcha a vivir su vida. El otro se queda acompañando y ayudando a su padre. Con el tiempo el hijo que se marchó, regresa sin nada y buscando el perdón y el amor de su familia. Su padre le recibe haciendo una gran fiesta porque creía haberlo perdido, sin embargo su hermano le recibe con recelo y además con decepción hacia su padre porque se siente menospreciado.
Siempre que leo esta parábola, me siento identificada con ese hijo que se queda al lado de su padre, ayudándole, estando cerca en lo que necesite. No entiendo por qué el Padre no recompensa al hijo que no le abandona.  Es decir, ¿por qué el Señor me hace pasar por el sufrimiento, por las inseguridades, por los miedos? Yo que estoy a su lado, que trato de seguir sus enseñanzas en mi vida, que soy buena persona, que ayudo al que me necesita,  que estoy en grupos cristianos y colaboro con mi parroquia, yo…yo…yo que…
Pero que soberbia soy al pensar así… Si miro con sinceridad mi realidad, en mi día a día también son muchos los momentos en los que soy esa hija  que le pide a su Padre, el Señor,  “mi parte de la herencia” para hacer las cosas por mi cuenta. Le abandono, pensando que yo sola puedo con todo.
Pero al cabo del tiempo, esa herencia se acaba, las lámparas de aceite se vacían, y vuelven los miedos a perder el trabajo, a no poder mantener mi casa, mi familia, vuelve la desesperanza por no ser capaz de salir adelante, y me siento en una inmensa soledad.
Pero mi Padre me abre las puertas de su casa, de nuevo me recibe con los brazos abiertos y me perdona por  no haber sabido serle fiel. Y me doy cuenta de lo afortunada que soy por tener Fe, lo grande que eso me hace porque me da la fuerza para tratar de ser luz en la desesperanza y alegría en los momentos de dificultad.
Que grande es el perdón del Padre.

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