DESDE LAS RELACIONES FAMILIARES

Posted on septiembre 14th, 2012 in > DESDE LAS RELACIONES PERSONALES by admin

(matrimonio )

Del evangelio de este Domingo se desprenden muchas enseñanzas pero queremos centrarnos en dos de ellas y que todo cristiano debe descubrir.
La primera de ellas surge de esa pregunta que Jesús hace a sus discípulos: “¿Quién dice la gente que soy yo?”. ¿Cómo respondemos la familia a esta pregunta?. Imagina que alguna de las personas con las que convivimos a diario, en nuestro trabajo, en la escuela, en el parque, nos pregunta que quienes somos nosotros. ¿Nos limitamos a decir que somos trabajadores, honrados y buenos padres de familia, o por el contrario,les decimos que somos cristianos, que Cristo vive en nosotros y su Vida se refleja hacia el exterior irradiando a quienes nos rodean?. Hemos de mostrar esa verdad, como Pedro, “Tú eres el Mesías”, Jesús es mi Vida.
La vida que vivimos conlleva a la familia muchas cargas pesadas. Unas son de ámbito material; que si el recibo de la luz y del agua, que si la factura del teléfono, que si la comida y la ropa de los niños… Pero existen unas cargas mayores como son la difícil tarea de educar a nuestros hijos en los verdaderos valores cristianos en una sociedad en lo que todo vale si me hace feliz, si me hace “tener”, en la que el fin justifica los medios. Y enlazando con esto, aparece la segunda cuestión, “El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga”. Jesús nos dice que el que le siga tiene que renunciar al mundo- estar en el mundo sin ser del mundo-, que cargue las dificultades del día a día y le siga. Y podríamos también recordar las palabras del Señor, “Venid a mí los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré”. Jesús no nos dice que el que le siga no tendrá que soportar “cruces”, las seguiremos cargando pero esa carga será liviana, llevadera, contamos con su apoyo y consuelo.
Y el hombre actual le pregunta osadamente a Jesús “¿Y si no quiero seguirte?”. Y Él podría responderle “Pues carga con tu cruz de cada día y no me sigas”, pero esa cruz seguirá ahí acompañándole y en la más absoluta soledad.

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