PRIMER PASO: LECTIO

Posted on octubre 6th, 2019 in > PRIMER PASO: LECTIO by admin

¿Qué dice el texto?

 

Lectura del santo evangelio según san Lucas 17, 5-10

¡Si tuvierais fe … ! 

En aquel tiempo, los apóstoles le pidieron al Señor: «Auméntanos la fe.» El Señor contestó: «Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: «Arráncate de raíz y plántate en el mar.» Y os obedecería. Suponed que un criado vuestro trabaja como labrador o como pastor; cuando vuelve del campo, ¿quién de vosotros le dice: «En seguida, ven y ponte a la mesa»? ¿No le diréis: ‘Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú»? ¿Tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: cuando hayáis hecho todo lo mandado, decid: «Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer.»»

SEGUNDO PASO: MEDITATIO

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¿Qué nos dice el texto?

Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.

Ante el Octubre Misionero Extraordinario convocado por el Papa Francisco, dedicamos este tiempo ordinario a esta perspectiva.

 

DESDE LA MISIÓN

(mujer, soltera, jubilada, colaboradora voluntaria en misiones populares)

Los que siguen al Señor, los que van con Él, le piden le exigen que «aumente su fe».

Ellos que han sido elegidos por el Maestro y que le acompañan personalmente vaya donde vaya, se sienten incapaces de llevar a buen término la predicación de la Buena Noticia. Le piden ayuda porque saben que el anuncio del Reino ,no es una misión sencilla, fácil.

Servir a Cristo, anunciar su Evangelio a todas las gentes, es sobre todo una cuestión de confianza, y una fe ciega en el Maestro, y aunque ellos la tienen, quieren hacerla más fuerte más robusta que «mueva montañas» y aunque la suya sea pequeñita como un «granito de mostaza», dice Jesús que hasta la propia Naturaleza se nos rendiría y nos obedecería, porque para Dios no hay nada imposible, lo puede todo…y nuestra fe es un don suyo, un regalo que nos ha hecho, que no hemos adquirido por nuestro esfuerzo, sino por gracia Suya, por iniciativa de Él para servirle amarle y honrarle.

Somos sus siervos, los que tenemos que servirle y hacerlo de una forma gratuita, ya que El no nos debe nada, absolutamente nada por hacer nuestro «trabajo». ¿Pero quién soy yo para merecer el privilegio de la fe? Y si me lo han «regalado» soy yo quien tengo que  estar muy agradecida y es esa mi misión: La Buena Noticia ha llegado a mi vida y no puedo guardarla para mí y por eso me siento misionera y con ganas de anunciar a todo el mundo, en mi casa, en mi parroquia, en mi trabajo, en la  calle, en cualquier sitio que esté, la Palabra de Dios, el Evangelio de Jesús.

El sabio Papa Francisco, ha dicho que todos los bautizados somos misioneros y que tenemos como Misión evangelizar porque ese es el deseo del corazón de Dios…y por eso quiero pedir a Jesús que aumente mi fe, pues la tarea no es fácil ni sencilla.

DESDE LA MISIÓN

(mujer, soltera, profesional, misionera laica en país desfavorecido)

Aumenta nuestra fe… Cuando tenemos fe, no solemos ser conscientes del gran don recibido, pues la fe es un don. Recuerdo cuando estaba en Bolivia, vino el presidente de una fundación que colaboraba con nuestro proyecto, una gran persona pero no tenía fe y me preguntó ¿crees que todo esto que hacemos realmente sirve para algo? Yo le contesté, sino sirviese para nada yo no estaría aquí.

Aparte del gran don de la fe, recibimos muchos dones de Dios. Como seguidores de Jesús nos debería salir de manera natural ponerlos al servicio de los demás, al servicio de su proyecto, un mundo más justo y solidario.

En Latinoamérica me encontré con situaciones muy difíciles y complicadas, donde una se siente imponente, sólo quedaba hacer todo lo que podía y he vivido la experiencia de cómo Dios se encarga del resto. Es cierto que, en alguna ocasión, caí en el engrandecimiento y este es un peligro del que me tengo que cuidar, pues sólo soy un instrumento de Dios. Muchos de los logros no eran sólo obra mía o del equipo sino de Dios.

Pero también se dan fracasos, y la fe es la que nos ayuda a no caer en el desánimo y la desesperanza, a levantarnos y seguir trabajando por el Reino sabiendo que no estamos solos.

DESDE LA MISIÓN

(hombre, soltero, trabaja, participante en experiencia misionera, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar)

“Si tuvierais fe como un granito de mostaza…” “Somos siervos inútiles, hemos hecho lo que teníamos que hacer…” El verano de 2017 un grupo de jóvenes de la región de Bética nos pusimos rumbo a la misión de Humahuaca para realizar una experiencia de 40 días. Durante esos días pudimos experimentar diferentes sensaciones; desde los momentos de mayor alegría hasta desconcierto por no saber si lo que hacíamos tenía algo de sentido. Pero desde luego más de un día, cuando el agotamiento llama a la puerta, pensábamos la siguiente frase, “yo creo que por hoy es suficiente”. Y hoy en día nos podemos hacer la misma pregunta, ¿Cuándo es suficiente? ¿A partir de qué punto podemos conformarnos con nuestro desgaste? ¿Hasta dónde debe llegar mi entrega y mi fe? En la pasada asamblea, realizada en Medellín, se dio en la clave. Estamos llamados a la entrega desbordante y absoluta. Durante nuestra estancia en Humahuaca aprendí a diferenciar cuando hablaba el cansancio y cuando hablaba Dios. Al final no tenía sentido rezar a Dios para que nos librara del cansancio o el frío, únicamente podíamos pedir que aumentara nuestra fe, porque solo así se superan los obstáculos que encontramos en nuestra entrega.

TERCER PASO: ORATIO

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¿Qué nos hace decir el texto?
(mujer, soltera, trabaja, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar)

Te damos gracias, Dios Padre Bueno,

por el don de la fe que Tú nos regalas,

y te pedimos que Tú hagas madurar,

fortalecer y crecer nuestra fe cada día,

para poderla compartir con los demás,

y dar a conocer la alegría de tu Evangelio.

Ilumínanos para conocer tu Voluntad,

a través de tu Palabra de Vida,

para cumplirla en nuestra vida cotidiana

y hacer siempre lo que tenemos que hacer

para el bien de todos y huyendo cada día

de nuestros egoísmos y protagonismos.

Gracias porque Tú nos llamas a ser tus discípulos,

y te pedimos que Tú nos ayudes a servir

a cada hermano con amor gratuito,

ya nosotros los recibimos de Ti totalmente gratis.

Señor, haznos Tú amar a todos generosamente,

sin esperar recompensa y sirviendo siempre

a cada persona con sencillez y con humildad.

Dios Padre nuestro, aumenta Tú nuestra fe,

y haz que nuestra vida sea un servicio por amor a Ti,

y a cada hermano nuestro, desde nuestra fe.

Ayúdanos Tú, Dios Padre Bueno y Misericordioso,

a que nuestra entrega a los demás aumente,

para amarte siempre a Ti a través de los demás.

Dios Padre nuestro, aumenta nuestra fe

para ser testigos de tu Evangelio en el mundo,

y ante cada persona que aún no te conozca,

para que todos logren conocerte, amarte,

y que todos juntos podamos servirte y alabarte.

Amén.

CUARTO PASO: CONTEMPLATIO

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¿Quién dice el texto?
(Autorizado por el autor, Fano en www.diocesismalaga.es)

ÚLTIMO PASO: ACTIO

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¿A qué nos lleva el texto?

(matrimonio, 2 hijos, él trabaja el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)

“Si nuestra fe fuese mayor, seríamos…”

* AUMENTA MI FE. Quiero que mi acción nazca de la fe pero me cuesta. Por eso tengo miedos, inseguridades, fragilidades…por eso no sigo el Evangelio con radicalidad, con constancia, siendo incluso audaz. Actuemos esta semana pidiendo al Señor cada día que nos aumente la fe. Pidámosle que no nos deje caer en la tentación de no ponerle en primer lugar.

No soy del todo capaz de abandonarme en las manos del Padre, con absoluta confianza. Lo digo quizás, pero sigo buscando seguridades en las cosas terrenas.

Actuemos intentando dejar de lado todo aquello que me da seguridad, sin lo que creo que no puedo vivir. Relativicemos la importancia de nuestros apegos. Busquemos ser libres.

Arráncate de raíz y plántate en el mar

* SOMOS UNOS POBRES SIERVOS. Pero a veces actúo desde la soberbia, esperando recompensas, que me den las gracias, que reconozcan mi valía…

Se me olvida que solo soy un siervo, un servidor del Reino y que lo que hago es lo que debo hacer.

Actuemos propiciando la humildad en nuestra forma de ser y de hacer. Recuperemos “el fuego del divino amor” que el Maestro infundió a sus primeros seguidores y a tantos otros después que llegaron a la santidad. Quizás pueda ayudarnos la lectura sosegada y reposada de algún/os capítulos del Evangelio. Así redescubriremos como base fundamental de nuestra vida la caridad, la compasión con el hermano y a Dios como centro de nuestra vida.