PRIMER PASO: LECTIO

Posted on marzo 25th, 2018 in > PRIMER PASO: LECTIO by admin

¿Qué dice el texto?
Lectura del santo evangelio según san Marcos 14,1-15, 47

Pretendían prender a Jesús a traición y darle muerte

Faltaban dos días para la Pascua y los Ázimos. Los sumos sacerdotes y los escribas pretendían prender a Jesús a traición y darle muerte. Pero decían: “No durante las fiestas; podría amotinarse el pueblo.”
Estando Jesús en Betania, en casa de Simón, el leproso, sentado a la mesa, llegó una mujer con un frasco de perfume muy caro, de nardo puro; quebró el frasco y lo derramó en la cabeza de Jesús. Algunos comentaban indignados: “¿A qué viene este derroche de perfume? Se podía haber vendido por más de trescientos denarios para dárselo a los pobres.”
Y regañaban a la mujer. Pero Jesús replicó:
“Dejadla, ¿por qué la molestáis? Lo que ha hecho conmigo está bien. Porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros y podéis socorrerlos cuando queráis; pero a mí no me tenéis siempre. Ella ha hecho lo que podía: se ha adelantado a embalsamar mi cuerpo para la sepultura. Os aseguro que, en cualquier parte del mundo donde se proclame el Evangelio, se recordará también lo que ha hecho ésta.”
Judas Iscariote, uno de los Doce, se presentó a los sumos sacerdotes para entregarles a Jesús. Al oírlo, se alegraron y le prometieron dinero. Él andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.
El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos: “¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?”
Él envió a dos discípulos, diciéndoles:
“Id a la cuidad, encontraréis un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo y, en la casa en que entre, decidle al dueño: “El Maestro pregunta: ¿Dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?” Os enseñará una sala grande en el piso de arriba, arreglada con divanes. Preparadnos allí la cena.”
Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la cena de Pascua.
Al atardecer fue él con los Doce. Estando a la mesa comiendo, dijo Jesús:
“Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar: uno que está comiendo conmigo.”
Ellos, consternados, empezaron a preguntarle uno tras otro: “¿Seré yo?”
Respondió:  “Uno de los Doce, el que está mojando en la misma fuente que yo. El Hijo del hombre se va, como está escrito de él; pero, ¡ay del que va a entregar al Hijo del hombre!; ¡más le valdría no haber nacido!”
Mientras comían, Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio, diciendo:
“Tomad, esto es mi cuerpo.” Cogiendo la copa, pronunció la acción de gracias, se la dio, y todos bebieron. Y les dijo:
“Ésta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos. Os aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios.”
Después de cantar el salmo, salieron para el monte de los Olivos. Jesús les dijo:  Todos vais a caer, como está escrito: “Heriré al pastor, y se dispersarán las ovejas.” Pero, cuando resucite, iré antes que vosotros a Galilea.”  Pedro replicó: “Aunque todos caigan, yo no.”
Jesús le contestó: “Te aseguro que tú hoy, esta noche, antes que el gallo cante dos veces, me habrás negado tres.”
Pero él insistía: “Aunque tenga que morir contigo, no te negaré.” Y los demás decían lo mismo.
Fueron a un huerto, que llaman Getsemaní, y dijo a sus discípulos: “Sentaos aquí mientras voy a orar.”
Se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, empezó a sentir terror y angustia, y les dijo:
“Me muero de tristeza; quedaos aquí velando.”
Y, adelantándose un poco, se postró en tierra pidiendo que, si era posible, se alejase de él aquella hora; y dijo: “¡Abba! (Padre), tú lo puedes todo; aparta de mí este cáliz. Pero no lo que yo quiero, sino lo que tú quieres.”
Volvió y, al encontrarlos dormidos, dijo a Pedro: “Simón, ¿duermes?; ¿no has podido velar ni una hora? Velad y orad, para no caer en la tentación; el espíritu es decidido, pero la carne es débil.”
De nuevo se apartó y oraba repitiendo las mismas palabras. Volvió, y los encontró otra vez dormidos, porque tenían los ojos cargados. Y no sabían qué contestarle. Volvió por tercera vez y les dijo: “Ya podéis dormir y descansar. ¡Basta! Ha llegado la hora; mirad que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levantaos, vamos! Ya está cerca el que me entrega.”
Todavía estaba hablando, cuando se presentó Judas, uno de los Doce, y con él gente con espadas y palos, mandada por los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos. El traidor les había dado una contraseña, diciéndoles:
“Al que yo bese, ése es; prendedlo y conducidlo bien sujeto.”
Y en cuanto llegó, se acercó y le dijo: “¡Maestro!”
Y lo besó. Ellos le echaron mano y lo prendieron. Pero uno de los presentes, desenvainando la espada, de un golpe le cortó la oreja al criado del sumo sacerdote. Jesús tomó la palabra y les dijo: “¿Habéis salido a prenderme con espadas y palos, como a un bandido? A diario os estaba enseñando en el templo, y no me detuvisteis. Pero, que se cumplan las Escrituras.”
Y todos lo abandonaron y huyeron. Lo iba siguiendo un muchacho, envuelto sólo en una sábana, y le echaron mano; pero él, soltando la sábana, se les escapó desnudo.
Condujeron a Jesús a casa del sumo sacerdote, y se reunieron todos los sumos sacerdotes y los ancianos y los escribas. Pedro lo fue siguiendo de lejos, hasta el interior del palacio del sumo sacerdote; y se sentó con los criados a la lumbre para calentarse. Los sumos sacerdotes y el Sanedrín en pleno buscaban un testimonio contra Jesús, para condenarlo a muerte; y no lo encontraban. Pues, aunque muchos daban falso testimonio contra él, los testimonios no concordaban. Y algunos, poniéndose en pie, daban testimonio contra él, diciendo: “Nosotros le hemos oído decir: “Yo destruiré este templo, edificado por hombres, y en tres días construiré otro no edificado por hombres.”
Pero ni en esto concordaban los testimonios. El sumo sacerdote se puso en pie en medio e interrogó a Jesús: “¿No tienes nada que responder? ¿Qué son estos cargos que levantan contra ti?” Pero él callaba, sin dar respuesta. El sumo sacerdote lo interrogó de nuevo, preguntándole: “¿Eres tú el Mesías, el Hijo de Dios bendito?…”
Jesús contestó:  “Sí lo soy. Y veréis que el Hijo del hombre está sentado a la derecha del Todopoderoso y que viene entre las nubes del cielo.”
El sumo sacerdote se rasgó las vestiduras, diciendo: “¿Qué falta hacen más testigos? Habéis oído la blasfemia. ¿Qué decís?” Y todos lo declararon reo de muerte. Algunos se pusieron a escupirle y, tapándole la cara, lo abofeteaban y le decían: “Haz de profeta.
Y los criados le daban bofetadas.
Mientras Pedro estaba abajo en el patio, llegó una criada del sumo sacerdote y, al ver a Pedro calentándose, lo miró y dijo: “También tú andabas con Jesús, el Nazareno.”
Él lo negó, diciendo: “Ni sé ni entiendo lo que quieres decir.”
Salió fuera al zaguán, y un gallo cantó. La criada, al verlo, volvió a decir a los presentes:
“Éste es uno de ellos.” Y él lo volvió a negar. Al poco rato, también los presentes dijeron a Pedro: “Seguro que eres uno de ellos, pues eres galileo.” Pero él se puso a echar maldiciones y a jurar: “No conozco a ese hombre que decís.”
Y en seguida, por segunda vez, cantó un gallo. Pedro se acordó de las palabras que le había dicho Jesús: “Antes de que cante el gallo dos veces, me habrás negado tres”, y rompió a llorar.]
Apenas se hizo de día, los sumos sacerdotes, con los ancianos, los escribas y el Sanedrín en pleno, se reunieron, y, atando a Jesús, lo llevaron y lo entregaron a Pilato. Pilato le pregunto:”¿Eres tú el rey de los judíos?”
Él respondió: “Tú lo dices.”
Y los sumos sacerdotes lo acusaban de muchas cosas. Pilato pregunto de nuevo:
“¿No contestas nada? Mira cuántos cargos presentan contra ti.”
Jesús no contesto más; de modo que Pilato estaba muy extrañado. Por la fiesta solía soltarse un preso, el que le pidieran. Estaba en la cárcel un tal Barrabás, con los revoltosos que habían cometido un homicidio en la revuelta. La gente subió y empezó a pedir el indulto de costumbre. Pilato les contestó: “¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?”
Pues sabía que los sumos sacerdotes se lo habían entregado por envidia. Pero los sumos sacerdotes soliviantaron a la gente para que pidieran la libertad de Barrabás. Pilato tomó de nuevo la palabra y les preguntó: “¿Qué hago con el que llamáis rey de los judíos?”
Ellos gritaron de nuevo: “¡Crucifícalo!”
Pilato les dijo: “Pues, ¿qué mal ha hecho?”
Ellos gritaron más fuerte: “¡Crucifícalo!”
Y Pilato, queriendo dar gusto a la gente, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran.
Los soldados se lo llevaron al interior del palacio -al pretorio- y reunieron a toda la compañía. Lo vistieron de púrpura, le pusieron una corona de espinas, que habían trenzado, y comenzaron a hacerle el saludo: “¡Salve, rey de los judíos!
Le golpearon la cabeza con una caña, le escupieron; y, doblando las rodillas, se postraban ante él. Terminada la burla, le quitaron la púrpura y le pusieron su ropa. Y lo sacaron para crucificarlo.
Y a uno que pasaba, de vuelta del campo, a Simón de Cirene, el padre de Alejandro y de Rufo, lo forzaron a llevar la cruz. Y llevaron a Jesús al Gólgota (que quiere decir lugar de “la Calavera”), y le ofrecieron vino con mirra; pero él no lo aceptó. Lo crucificaron y se repartieron sus ropas, echándolas a suerte, para ver lo que se llevaba cada uno. Era media mañana cuando lo crucificaron. En el letrero de la acusación estaba escrito: “El rey de los judíos”. Crucificaron con él a dos bandidos, uno a su derecha y otro a su izquierda.  Los que pasaban lo injuriaban, meneando la cabeza y diciendo: “¡Anda!, tú que destruías el templo y lo construías en tres días sálvate a ti mismo bajando de la cruz.”  Los sumos sacerdotes con los escribas se burlaban también de él, diciendo:
“A otros ha salvado, y a sí mismo no se puede salvar. Que el Mesías, el rey de Israel, baje ahora de la cruz, para que lo veamos y creamos.”
También los que estaban crucificados con él lo insultaban.
Al llegar el mediodía, toda la región quedó en tinieblas hasta la media tarde. Y, a la media tarde, Jesús clamó con voz potente: “Eloí, Eloí, lamá sabktaní.”
Que significa: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”
Algunos de los presentes, al oírlo, decían: “Mira, está llamando a Elías.”
Y uno echó a correr y, empapando una esponja en vinagre, la sujetó a una caña, y le daba de beber, diciendo: “Dejad, a ver si viene Elías a bajarlo.”  Y Jesús, dando un fuerte grito, expiró.
El velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. El centurión, que estaba enfrente, al ver cómo había expirado, dijo: “Realmente este hombre era Hijo de Dios.”
Había también unas mujeres que miraban desde lejos; entre ellas, María Magdalena, María, la madre de Santiago el Menor y de José, y Salomé, que, cuando él estaba en Galilea, lo seguían para atenderlo; y otras muchas que habían subido con él a Jerusalén. José rodó una piedra a la entrada del sepulcro
Al anochecer, como era el día de la Preparación, víspera del sábado, vino José de Arimatea, noble senador, que también aguardaba el reino de Dios; armándose de valor, se presentó ante Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. Pilato se extrañó de que hubiera muerto ya; y, llamando al centurión, le preguntó si hacía mucho tiempo que había muerto. Informado por el centurión, concedió el cadáver a José. Éste compró una sábana y, bajando a Jesús, lo envolvió en la sábana y lo puso en un sepulcro, excavado en una roca, y rodó una piedra en la entrada del sepulcro. María Magdalena y María la de José observaban dónde lo ponían.

SEGUNDO PASO: MEDITATIO

Posted on marzo 25th, 2018 in > SEGUNDO PASO: MEDITATIO by admin
¿Qué nos dice el texto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.


UNA ECONOMÍA DESDE EL EVANGELIO
(hombre, casado, dos hijos, trabaja y es empresario, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar)  

Ante la lectura de la Pasión y en un breve comentario como este, permitidme que me centre en sólo esta parte del Texto:
“¿A qué viene este derroche de perfume? Se podía haber vendido por más de trescientos denarios para dárselo a los pobres.” Y regañaban a la mujer. Pero Jesús replicó: “Dejadla, ¿por qué la molestáis? Lo que ha hecho conmigo está bien. Porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros y podéis socorrerlos cuando queráis; pero a mí no me tenéis siempre. Ella ha hecho lo que podía: se ha adelantado a embalsamar mi cuerpo para la sepultura. Os aseguro que, en cualquier parte del mundo donde se proclame el Evangelio, se recordará también lo que ha hecho ésta.”
Muchas veces surge el dilema en mi vida sobre el uso del dinero en cuanto a mi relación con la Iglesia. Es un auténtico dilema moral: ¿uso el dinero para darlo a los pobres? ¿O por contra para el sostenimiento de la Iglesia, la pastoral, etc.? ¿En qué proporción? Si los pobres son los primeros en el Evangelio, ¿por qué aportar a otras acciones buenas mientras haya pobreza y desigualdad?
Resuena en mí el texto de hoy dando luz: “Ella ha hecho lo que podía”… “Se ha adelantado…”. Ciertamente Jesús se eleva ante preguntas concretas como las que me hago, para dar luz. Lo relevante es hacer lo que uno puede. Cuidando la Iglesia, sus sostenimiento económico, el sufragio de las actividades pastorales, los templos y la liturgia ciertamente me estoy “adelantando a embalsamar Su cuerpo para la sepultura”, estoy ayudando a que el Señor viva su Pasión y Resurrección en mis hermanos y en mi comunidad parroquial. Y estoy sin duda ayudando a reducir la pobreza, a generar actitudes solidarias, fraternas, y a construir la Paz.
El texto me invita a pensar quiénes son en mi entorno las personas valientes como la mujer, que cautivada por Jesús siente la necesidad de mostrar su cercanía y su respeto con el perfume. Incluso provocando comentarios negativos entre los seguidores del Maestro. ¿Quiénes son esas personas en mi vida? ¿Cómo me relaciono con ellas? ¿Les reprocho algo?
Y ante esas personas valientes que siguen a Jesús y “hacen lo que pueden”…¿qué actitud tomo yo? ¿Soy de los que creo saber lo que hay que hacer, y por ello reprendo a otros? ¿Soy de los que contemplo la escena, huelo el perfume, pero no tomo partido? ¿Me centro en el valor económico de las cosas en vez de ver el valor que les da Jesús?
Me cuestiono también: ¿En qué ocasiones he derramado lo que tengo para alabar a Jesús? ¿Cómo me he sentido?
Que el Señor nos ayude a vivir su cercanía de tal modo que nos sintamos en la necesidad de derramar nuestro perfume en Él.

DESDE LA MANIFESTACIÓN DE LA FE EN LA VIDA PÚBLICA

(hombre, casado, dos hijos, trabaja, miembro de la junta de gobierno de una procesión de Semana Santa)  

No estaban preparados. Nadie estaba preparado para la llegada de Jesús el Nazareno. Pilló a todos con el paso cambiado. A sus propios discípulos, que nunca entendieron los acontecimientos que se avecinaban; a Pilatos, que nunca comprendió el porqué de la condena de un inocente acusado de poner en peligro el poder del César; a los sacerdotes judíos que le acusaron de blasfemia al declararse Hijo de Dios; a los soldados romanos que le dieron martirio y no entendieron la fuerza que le permitió soportar tanto sufrimiento. Nadie entendió nada. Se mofaron de Él. Le escupieron. Le azotaron. Le acusaron de traición. De blasfemia. De autodenominarse Dios. De revolucionario…; nadie comprendió nada.
Tuvo que morir, para que un soldado romano dijera: “Realmente este hombre era Hijo de Dios. Tuvo que soportar la cruz, para que ella se convirtiera en nuestro destino. Tuvo que resucitar para mostrarnos cual era nuestro destino como hijos suyos. Tuvo –con mucho miedo- que soportar una horrible Pasión para mostrarnos el camino. Él, que solo habló de amor. De igualdad. De compromiso. Aceptó su destino con determinación y valentía. ¡Qué ejemplo de consistencia!
Lástima que nadie estuviera preparado para su llegada. Que nadie entendiera nada. Que nadie comprendiera quien era…, y para qué había venido.
A nosotros los cristianos nos dejó para siempre su ejemplo y a los cofrades nos “regaló” la posibilidad de recordarlo en nuestra Semana Santa, que no por casualidad se llama Semana de Pasión, o Semana de Gloria. Nos entregó el bendito don de recordar su padecimiento salvador con nuestros desfiles penitenciales. Jesús y su Pasión, justifican nuestra existencia como cofrades. Como para decir que no tenemos fundamentos. Es posible que los cofrades compongamos un “teatro barroco callejero”, pero el mismo no está vacío de contenido. Lo tiene. Y muy profundo.

TERCER PASO: ORATIO

Posted on marzo 25th, 2018 in > TERCER PASO: ORATIO by admin

¿Qué nos hace decir el texto?
(mujer, soltera, trabaja, pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)

Te damos Gracias, Señor Jesús y Dios nuestro,
porque tu Pasión sufrida por todos nosotros,
nos muestra tu Amor infinito con nosotros.
Te damos Gracias porque Tú hoy nos permites
poder celebrar un año más la Semana Santa,
que es un tiempo privilegiado para estar junto a Ti,
ya que nos invitas acompañarte en el Cenáculo,
en Getsemaní y en el Monte Calvario,
y junto a Ti, celebrar también el triunfo del Amor
que vence al pecado, al mal y a la muerte,
con tu gloriosa Resurrección y eterna Misericordia.
Ayúdanos Tú a acoger siempre en nuestro corazón
todo el Amor que nos viene de Ti, para ser compartido.
Damos la valentía necesaria, Señor y Dios nuestro,
para contemplarte, acompañarte y atrevernos
a seguirte hasta el final, y quedarnos siempre contigo.
Gracias porque tu Entrega por Amor nos salva
y tu Misericordia llena de sentido nuestra vida. Amén.

CUARTO PASO: CONTEMPLATIO

Posted on marzo 25th, 2018 in * VIÑETAS PADYLLA by admin

¿Quién dice el texto?
(Autorizado por el autor, Fano en www.diocesismalaga.es)


ÚLTIMO PASO: ACTIO

Posted on marzo 25th, 2018 in > ÚLTIMO PASO: ACTIO by admin

¿A qué nos lleva el texto?
(matrimonio, dos hijos, él trabaja, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
Llegamos a la semana clave y cumbre de nuestra fe. Ese momento, en que Jesús, nuestro Maestro, muere y resucita.
Es este un tiempo para muchos de vacaciones, en el que los lugares dónde vivimos se llenan de gente. Sería importante “blindarnos” ante lo que se vive en la calle, para no dejarnos llevar por el bullicio, la fiesta y la jarana. Para nosotros debe ser momento de fe, de recogimiento… Aquel a quien tanto queremos va a ser condenado y va a morir de una manera cruel.

Os ofrecemos algunas sugerencias para actuar esta semana.

– Dedicar una tarde o una mañana a meditar la Pasión del Señor. Descubramos las enseñanzas que desde ella, se nos ofrecen para nuestra vida.

– Participar de las celebraciones litúrgicas de estos días y de aquellos momentos que se nos ofrezcan para estar con el Señor (Hora Santa, Viacrucis…)

– Tener presentes las claves para vivir cada uno de los días más grandes de esta semana:
1. Recibimos a Jesús con alegría el Domingo de Ramos. Esforcémonos este día principalmente por vivir la alegría…
2. Acompañemos al Señor el Jueves Santo en su Última Cena. A ejemplo suyo, vivamos este día con intensidad el amor hacia los demás, el darnos y repartirnos, el servicio… Acompañémosle también, haciéndonos uno con Él, en su oración angustiada en Getsemaní, cargados también con nuestros miedos pero confiados en la Padre.
3. Estemos junto a la cruz de Cristo el Viernes Santo. Es día de duelo para nosotros, es día de luto. Vivamos ese momento, revivamos ese momento. Acordémonos este día de todos los que siguen siendo crucificados en nuestro mundo. (Veo qué puedo hacer yo por todos los que sufren la cruz, sabiendo que lo que haga por ellos lo hago por el Maestro).
4. Vivamos desde la noche del Sábado Santo el gozo de la Resurrección. He recuperado a mi ser más querido. Viene a quedarse conmigo. Expresemos esa dicha con nuestras palabras, con nuestras acciones… para que llegue a los demás…

Y… en los días de la Pascua, iremos recibiendo esa resurrección que se nos regala para lo que está sin vida y sin luz en nosotros… Debemos tener una gratitud inmensa hacia el Señor Resucitado, que nos enseña las claves de una existencia en plenitud.