(matrimonio, jubilados, siete nietos, pertenecen a grupo de matrimonios)
Señor, al mostrar las manos y el costado a tus discípulos, les quisiste decir que eras el mismo Jesús, que padeciste y ahora estás vivo para siempre en medio de ellos. Comenzaste por darles la Paz. Ya sabemos que es más que una fórmula judía de saludo. El miedo desaparece y se transforma en alegría al verte, de nuevo, entre ellos.
En la última cena les hablaste del “envío”, los discípulos entran a participar en la misión del Hijo, enviado por el Padre y para ello cuentan con la asistencia del Espíritu Santo.
Das a los apóstoles el poder de perdonar los pecados, así como a sus sucesores en el ministerio sacerdotal.
Gracias por el envío de tu Espíritu, derrámalo, abundantemente, sobre nuestros nietos y sobre toda la juventud del mundo, que se debate en incertidumbres de todo tipo, por la carencia de valores, no solamente Cristianos, sino éticos y morales. Derrámalo, igualmente, sobre todos los adultos de buena voluntad, para que nuestro ejemplo de vida les pueda servir de referencia a ellos y a todos los alejados de tus enseñanzas, pues la vida eterna está en el conocimiento del Padre y del Hijo y ese conocimiento es un don que nos viene por el Espíritu.
Que no participen en el olvido, cuando no rechazo, que está sufriendo el Sacramento de la confesión a través del sacerdote, que estamos viviendo hace ya algunos años. Que la experimenten como consuelo y alivio en sus futuras vidas y la sientan como ayuda de tu Espíritu.