SEGUNDO PASO: MEDITATIO

Posted on mayo 22nd, 2020 in > SEGUNDO PASO: MEDITATIO by admin

¿Qué nos dice el texto?

Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.

DESDE LA ESPERANZA DE LA VIDA

(mujer, soltera, trabaja, médico, pertenece a comunidad cristiana y movimiento laical )

En este tiempo de pandemia, sufrimiento, desconcierto, muerte, nos podemos preguntar y¿ dónde está Dios?. ¿ No se da cuenta de nada? ¿No puede parar esto si es todopoderoso?

Y la respuesta está como siempre mirando a Jesucristo, el también sufrió la muerte, injustamente y con gran sufrimiento. Siendo Él todo bondad, siempre ayudando a todos. No se lo merecía y en cambio pasó por ahí para estar cerca de nuestro sufrimiento, cerca de nosotros en estos momentos. Él no es ajeno a nuestro dolor pero nos dejó a nosotros, sus nuevos discípulos, el encargo de anunciar esa buena noticia del AMOR de Dios a cada uno en particular, nosotros somos los nuevos portadores de esperanza para este mundo que nos rodea sin encontrar respuestas.

Se nos ha dado el espíritu santo para llevar a tiempo y a destiempo, a todos los que sufren y necesitan conocer cuanto Amor y cuan poderoso es ese Amor, para reconstruir nuestra vida y llenarla del sentido profundo de sentirse HIJ@S DE DIOS.

DESDE LA VIDA ORDINARIA

(hombre, soltero, trabaja en país extranjero, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar en su tierra natal)

Vuelve a llamar mi atención el hecho de que ese nuevo (y último) encuentro con Jesús sea en comunidad (los once discípulos), y aunque al verlo algunos vacilaban, creo que la fuerza y la unión de la comunidad posibilita ese encuentro; donde Jesús se hace presente, les habla y les envía como comunidad. La experiencia comunitaria nos enseña a acoger a todos («Id y haced discípulos de todos los pueblos»), en una misión apostólica sin prejuicios, sin discriminación, sin reticencia, con auténtico amor. Dando lo mejor de nosotros mismos, y sobre todo, dando lo mejor y más valioso que tenemos, que no son nuestras obras, sino Cristo y su Evangelio («enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado»).

Esa misión en mi vida, esa llamada, choca con mi tentación de llevar una vida cómoda. Choca de frente con el bienestar, el aburguesamiento del corazón. Porque sencillamente me paraliza, impide darme a los demás. Ese pequeño mundo que me genero con mis problemas, con mis propios objetivos e intereses, que tanto daño me hace, y que tanto me aleja de los demás, me aleja del encuentro con aquel que tiene necesidad de atención, comprensión y ayuda, para llevarle la cálida cercanía del amor de Dios, y la alegría del resucitado. Con gestos concretos, delicadeza, afecto sincero, amor. Siendo amable con todos, algo tan sencillo, pero que tanto me cuesta. Amable viene del latín «amabilis», que significa «digno de ser amado». Todo lo que doy, me lo estoy dando, y todo lo que no doy, me lo estoy quitando.

Me reconforta, me llena de esperanza, y me emociona también la última frase del texto, con la que se despide Jesús («Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo»). Me siento acompañado, y sintiendo su presencia, de alguna manera respaldado. Me empuja a seguir adelante en medio de las dificultades que me presenta la vida. Pero también siento una llamada de responsabilidad apostólica, de posibilitar el encuentro con Jesús a todas las personas con la que convivo, con las que me cruzo en el camino de la vida. Para que sea posible esa despedida de Jesús, para que se haga vida esa palabra. En lo concreto del día a día. Que el siga estando con nosotros, hasta el fin de los días.

DESDE LA ENFERMEDAD

(mujer, casada, jubilada, convaleciente, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar)

El mandato de Jesús en el evangelio de hoy no puede más misionero “anunciar a todos la Buena Noticia” Jesús nos invita a que seamos guardianes y transmisores de sus enseñanzas. Esa es la tarea que nos deja y es misión para todos. ¡Cuánta responsabilidad pone sobre nuestros hombros!.

¿Acaso los años o la enfermedad me impiden hacerlo?, no, sigo teniendo la misma misión: Evangelizar. Mientras ambas cosas no sean incapacitantes tengo que seguir haciéndolo. Han cambiado las formas y el escenario, por eso tengo que poner más celo en hacerlo bien, tengo que ser más perseverante, tengo que buscar otros recursos. Es verdad que a veces tengo dudas de si voy a ser capaz, siento temor de que la tarea me sobrepase porque no tengo la misma energía, pero para eso el Señor está ahí conmigo, a mi lado, de día y de noche, en las buenas y en las malas, cada día, todos los días hasta el final de mis días.

También desde la enfermedad podemos dar testimonio. Vivir mi enfermedad desde Dios ha sido una oportunidad de evangelizar, porque sigo teniendo personas cercanas que no muestran interés en conocer a Dios, o directamente lo rechazan, o sencillamente pasan de él. En estos casos es complicado anunciar el mensaje de Jesús, pero no imposible. Mi enfermedad los ha hecho más sensibles  a lo frágil de la vida y a cuestionarse algunas cosas. Ahora más que con palabras pongo el acento en el testimonio. Si, también una palabra o una reflexión en el momento oportuno, pero es tan importante el testimonio, es tan importante vivir con coherencia lo que decimos y creemos. No me anuncio a mí ni mi palabra, anuncio la Buena Nueva de Jesús y su Palabra. Por eso confío  en la fuerza que me viene del Señor para llevar a buen puerto mi tarea.

SEGUNDO PASO: MEDITATIO

Posted on mayo 17th, 2020 in > SEGUNDO PASO: MEDITATIO by admin

¿Qué nos dice el texto?

Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.

DESDE LA ESPERANZA DE LA VIDA

(mujer, soltera, trabaja, médico, pertenece a comunidad cristiana y movimiento laical )

Lo que me encanta de este pasaje es con el cariño que Jesús se ocupa de que cuando deje a sus discípulos, no se sientan solos ni desamparados. El promete su Espíritu Santo.

Ese espíritu que hace que se revele a mi y a cada uno de nosotros, en una relación de amor. Ese espíritu que se hace uno conmigo y me da fuerzas para vivir en el día a día, el cielo aquí en la tierra. En medio del dolor, sufrimiento, enfermedad puede parecer muy difícil vivir ese cielo en la tierra, puede parecer todo lo contrario. ¿Como poder llevar ese tesoro a cada paciente, a cada dolor, a cada sufrimiento? El secreto está en sentirme amada , querida, mimada por Dios, para poder hacer presente que El siempre está cerca y quiere  regalarnos la vida para siempre, porque nos quiere con locura y nos amo hasta el extremo.

DESDE LA ENFERMEDAD

(mujer, casada, jubilada, convaleciente, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar)

Dice el evangelio que el Señor nos dejó otro “defensor, que estará siempre con nosotros, el Espíritu de la verdad.” A ese defensor se le llama también  animador, fortalecedor,  consejero, el que respalda, el que instruye; Lo que hoy diríamos un “coaching”, que está tan de moda. Pero no uno cualquiera, este además es el Espíritu de la verdad. Vaya, el Señor nos dejó una buena herencia. Porque ¿quién no quiere tener al lado a alguien que se ocupe de esa manera de uno?, nos deja su Espíritu. ¿Cómo impacta en mi vida la presencia del espíritu Santo que habita en mí?

A veces somos tan controladores de nuestra vida que no dejamos ni un resquicio para que el Espíritu de Dios actúe en nosotros. Nos creemos tan poseedores de la verdad que no queremos que nadie nos quite nuestras ideas, nuestra forma de ver y actuar. Pero cuando acogemos la Palabra e intentamos vivir el evangelio en nuestra cotidianidad, abriéndonos a la acción del Espíritu, este se manifiesta, sale de nuestro interior. Eso que no veíamos, que no entendíamos bajo la acción del Espíritu lo vemos y lo entendemos, y no son palabras, yo no sabría explicar bien con palabras lo que es el Espíritu, solo lo siento como  experiencia, son hechos muy concretos. A veces esas experiencias son tan tangibles que casi siento que puedo tocarlas físicamente. Es la experiencia en esos momentos en que el cerebro te hace un “chic” como que se te enciende una luz y ves con claridad lo que no había manera de ver ni entender. Es ese palpito, esa buena vibración que te hace actuar de la forma correcta, que te hace acertar, que te hace ser valiente y que no sabes bien como ni porque ocurre, solo sabes que te has puesto en manos del Señor.

Que afortunada soy de contar con este “coaching-Espíritu de la verdad” que me defiende, me anima, me fortalece, me instruye, que me lleva hacia delante.

SEGUNDO PASO: MEDITATIO

Posted on mayo 9th, 2020 in > SEGUNDO PASO: MEDITATIO by admin

¿Qué nos dice el texto?

Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.

DESDE LA ESPERANZA DE LA VIDA

(mujer, soltera, trabaja, médico, pertenece a comunidad cristiana y movimiento laical )

Siempre he tenido este evangelio como un luz en mi vida : Yo soy el camino , la verdad y la vida. Para reorientarme, centrarme y no ir tras otros dioses: de la fama, del dinero, del prestigio, del poder, de la inteligencia. Tantos caminos. Caminos que conducen a otra parte.

Pero hoy me llama la atención que Jesús nos va a preparar un sitio, cerquita suya, un sitio privilegiado para aquellos que dan su vida, que no tienen miedo al sufrimiento, que lo tienen a ÉL como lo primero en sus vidas. Y creo que los enfermos tras tantos sufrimientos y sacrificios  también tienen ese privilegio, de ese» chalet en el cielo con piscina» que deseamos aquí en la tierra como un descanso , un remanso de paz y equilibrio.

Me consuela y me llena de alegría, ver que Jesús me quiere allí cerquita suya  eso me reorienta también a vivir aquí en la tierra con sobriedad, sin lujos, austeramente y compartiendo y derrochando la alegría de ese consuelo seguro en el cielo..

DESDE LA ENFERMEDAD

(mujer, casada, jubilada, convaleciente, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar)

Cuando entré en el Movimiento hace muchos años, las comunicaciones con los hermanos de otros países eran muy complicada, no existía la inmediatez de internet, ni de WhatsApp, ni las videollamadas, añadida la dificultad del idioma. La comunicación era por correo y hacerlo con Sudamérica, África, era complicado. Para que las cosas llegaran a tiempo había que mandarlo con mucho, mucho tiempo, y aun así a veces no llegaban.  Sabíamos unos de otros a través del boletín mensual. Nos unía un mismo carisma, un mismo sentir, pero realmente no nos conocíamos, eran hermanos sin rostro. Cuando tuve la oportunidad de participar en la Asamblea de República Dominicana empecé a poner nombre a las caras, a conocerlos, a convivir con ellos, y empecé también a quererlos. Después participe en más asambleas, y conocí a más, y quise a más…  las noticias buenas o malas que me llegan de ellos las vivo de otra manera, porque para mí tienen rostro, ya los conozco, es otra cosa.

Algo parecido nos pasa con Dios, no tiene rostro y se nos hace lejano. Queremos conocerle y nos pasamos la vida buscándolo y buscándolo. Lo hacemos de muchas formas, lo buscamos en los grandes acontecimientos y en las cosas pequeñas y cotidianas, y parece como que se nos escapa, que se nos escurre. ¡Cuánto nos complicamos la vida!…  y lo tenemos tan fácil como mirar a Jesús, precisamente él nos dice: «Quien me ha visto a mi ha visto al Padre». Ocurre que tenemos una vida tan llena de acción, que nos falta tiempo de observación. Quien se acerca y conoce a Jesús , se acerca y conoce al Padre. Conociendo a Jesús conocemos al Padre. Este tiempo de enfermedad y confinamiento me ha hecho mucho más sensible a los signos de conocimiento de Dios. ¿No son signos del rostro de Dios las personas que entregan su vida al cuidado y promoción de los más desfavorecidos? ¿No son signos del rostro de Dios los religiosos que han acogido en sus casas y parroquias a inmigrantes y sin techo? ¿No son signos del rostro de Dios esos trabajadores que se han encerrado en las residencias con los mayores para evitarlas contagios? ¿No son signos de rostro de Dios los padres que cuidan con esmero a sus hijos aun en situaciones complicadas?  Veo el rostro de Dios en ellos. ¡Qué responsabilidad tenemos de ser la presencia y el rostro de Dios en el mundo! y que vértigo da saber que tenemos esa responsabilidad. Si, yo también quiero ser rostro de Dios para los que me rodean, estando atenta a lo que quieren y necesitan, escucharlos, hacerles compañía, darles mi tiempo, compartir lo que tengo, participar de sus proyectos. Pero no por mis méritos propios sino porque este tan unida a Dios que Él se refleje en mí.

SEGUNDO PASO: MEDITATIO

Posted on mayo 3rd, 2020 in > SEGUNDO PASO: MEDITATIO by admin

¿Qué nos dice el texto?

Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.

DESDE LA ESPERANZA DE LA VIDA

(mujer, soltera, trabaja, médico, pertenece a comunidad cristiana y movimiento laical )

«Yo soy la puerta»….tantas veces he creído que la puerta estaba en la realización personal, en ser médico, en proyectarme, ser reconocida, ser valorada, ser famosa y admirada. Tantas veces me auto convencía de ello, hasta me justificaba, auto engañaba… Hasta que un día Jesús me dice, de que vale todo eso si pierdes tu alma? Si te esclaviza tu imagen, si te encadena y hace sufrir tu ego, tus autoexigencias , tu autoperfección, (las voces de los lobos). «Yo soy la puerta» y tu «oveja», humilde, pacífica, sencilla. El Papa, nos invita a oler a oveja, para que nuestro corazón se conforme al de Jesús, para seguirle a Él , no a mi imagen ni mi ego. Darle la Gloria a Él, y entonces libre, podré ejercer el  mejor servicio: famosa o no, reconocida o no, una eminencia o no. Porque lo importante es reconocerlo a Él como la puerta que me lleva al cielo ya aquí en la tierra y hacer que los pacientes, compañeros,  también puedan encontrar esa puerta que nos da la felicidad en plenitud.

DESDE LA VIDA ORDINARIA

(hombre, soltero, trabaja en país extranjero, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar en su tierra natal)
 

En la homilía del pasado domingo, un sacerdote claretiano hablaba de una palabra clave para comprender el pasaje de los discípulos de Emaús: encuentro. De nuestro encuentro con Jesús, y también, en perspectiva misionera, de nosotros ser «encuentro» para otros, encontrarnos con aquellos que están necesitados de la alegría del resucitado.

Con el Evangelio de este domingo, vuelve a resonar en mi corazón la palabra «encuentro». El encuentro de la oveja con su pastor.

Pararme a orar este pequeño fragmento del Evangelio de Juan me hace consciente de la cantidad de voces que resuenan dentro de mi, y que no son la voz del buen pastor. Voces de ladrones y bandidos como les llama Jesús en la lectura, que me roban esperanza, que me roban la paz y la alegría, más aún en este tiempo difícil que estamos viviendo. Y es que la puerta por la que me llama Jesús a veces es estrecha, y no caben excusas, sino sacrificios, tengo que dejar cosas atrás, porque no entro con todo eso.

En el Evangelio me veo reflejado en muchos personajes que se encontraron con Jesús, o de los cuales habló Jesús. Los apóstoles, por ejemplo, que quedaron entusiasmados con el encuentro con Jesús, como yo tantas veces que he tenido esa conducta enamoradiza, pero que después flaquea. Después viene la lucha por ser fieles a esa relación.

Otro encuentro, con el joven rico. Una vida intachable, pero cuando le pide Jesús el paso definitivo, se entristece y renuncia, porque estaba demasiado atado a su riqueza, a su vida, a su comodidad.

Y otro ejemplo que nombra Jesús, el del hijo pródigo. Que escuchó otras voces, e ignoró la de su padre. La de su pastor. Pero decide volver, y su padre no le echa en cara, sino que le espera, le recibe y le ama.

Son muchos los encuentros del Evangelio que se parecen a mi/s encuentro/s. Y la respuesta de Jesús, siento que es también la misma. Me llama, me espera; respeta mis tiempos, mis momentos, mis espacios, y me ama cuando escucho otras voces. Porque él sabe que esas voces me «roban» y me «matan», pero su voz, el encuentro con ese Pastor con olor a oveja, me da la vida, y vida abundante.

DESDE LA ENFERMEDAD

(mujer, casada, jubilada, convaleciente, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar)
 

Leyendo este evangelio donde nos dice que el pastor conoce a sus ovejas por su nombre, me viene a la cabeza un programa de TV que estábamos viendo en casa hace poco sobre como los pastores saben diferenciar por el sonido de los cencerros a su ganado hasta el punto de conocer de qué animal concreto se trataba, (yo más bien lo oía porque en esos días tenía la vista regular), pero me llamó mucho la atención. Contaba ese hombre que los meses de menos frío sacaban al ganado (en este caso eran vacas) a pastar libremente por las montañas. Controlar estos animales era uno de sus quehaceres y para ello utilizaban los cencerros, estos eran sus grandes aliados. Lo que me llamó la atención es que este hombre solo por el sonido del cencerro sabía que animal era sin verlo y lo llamaba por su nombre. Decía que cada cencerro suena distinto y en ello influía las características del propio animal, tengo que reconocer que a mí me sonaban todos igual, seguramente seré dura de oído. Me fascinó que conociera tanto a su ganado que solo por el sonido supiera quien era y con donde estaba. Contaba que esa pericia le había llevado tiempo.

Jesús es ese buen pastor, que me conoce personalmente, para él no soy un número más en la lista de sus seguidores. Me llama por mi nombre, lo que significa cercanía y familiaridad. Conoce mis fortalezas y debilidades. Es paciente porque sabe de mis cabezonerías, pero también es exigente. Pero además de conocerme, no quiere perderme y me hace una advertencia importante: “ante voces extrañas, es necesario conocer su voz”. Ahora sí que tengo que afinar el oído, sí que tengo que estar atenta. No todas las voces que oigo son la del Señor, tengo además un problema añadido, los ruidos externos a veces no me dejan oírlo; es más, ocasionalmente los ruidos que yo hago tampoco me dejan. Pero no basta solo con conocer su voz tengo que escucharle. Con los años he aprendido la importancia de la escucha, lo importante que es ejercitarla, ocurría que le hablaba tanto al Señor de mí que no dejaba que él me hablase a mí. Puede ocurrirnos que escuchemos poco y mal. Que oigamos, pero no escuchemos. Por eso para mí es necesario al comenzar y terminar el día ponerme en presencia del Señor y escucharlo, saber que me está diciendo, que es lo que espera de mí. Y como Samuel le digo: Habla Señor que tu sierva te escucha.

SEGUNDO PASO: MEDITATIO

Posted on abril 26th, 2020 in > SEGUNDO PASO: MEDITATIO by admin

¿Qué nos dice el texto?

Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.

DESDE LA ESPERANZA DE LA VIDA

(mujer, soltera, trabaja, médico, pertenece a comunidad cristiana y movimiento laical )

Es un pasaje bello, donde mi incredulidad a causa de mi razón , me impide VER al resucitado. Que difícil es ver el Amor de Dios en el sufrimiento de la enfermedad: en la precariedad, en la desnudez, en la humillación a la que nos lleva. La enfermedad nos hermana a todos por igual, ricos, pobres, listos y menos listos,…..Todos necesitados. Si uso la razón y me pregunto ¿dónde está Dios?¿Ha resucitado?¿No lo veo? Pero su Gracia y su Misericordia viene a mi encuentro, en el enfermo puedo ver a CRISTO, cada paciente, en su alma, lleva un trocito de cielo, que hay que saber mirar, para descubrirlo ahí cerquita , necesitado.

DESDE LA VIDA ORDINARIA

(hombre, soltero, trabaja en país extranjero, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar en su tierra natal)

Me llama poderosamente la atención que en los encuentros de algunos discípulos con el resucitado, no lo reconocieran. Pero creo que se dan ciertos elementos comunes. En el Evangelio del pasado fin de semana, Tomás, al no encontrarse en la Comunidad, y ahora dos discípulos que se encontraban tristes y abatidos por lo que había pasado.

Yo, al igual que Tomás, necesito de la comunidad, preciso de mi vivencia comunitaria, compartiendo la fe, para poder encontrarme con Jesús. Ahora me encuentro lejos físicamente de mi ella porque trabajo en el extranjero, pero gracias a las nuevas tecnologías, sigo cuidando el vínculo que me une a ellos de una manera más presencial, porque seguramente, lejos de la comunidad, me pierda el encuentro con el resucitado.

Y, en este caso, el camino de Emaús puede tener similitud con mi camino de fe. Las Escrituras y la Eucaristía son elementos fundamentales para el encuentro con Jesús. Muchas son las ocasiones en las que llego a la misa en medio de preocupaciones, de angustia, de incertidumbre, de ruidos que llenan mi vida, voy triste «a mi Emaús». Alejándome de Dios. Pero Jesús en ese encuentro, en la misa y en la oración personal, explica las Escrituras y parte el pan.

En este tiempo de confinamiento que estamos viviendo, al verse modificada totalmente mi jornada laboral, y con tiempo en casa, he podido cultivar mejor esa relación con el Resucitado, teniendo momentos de cantidad y de calidad. No me es posible, como a la mayoría, poder acercarme a Jesús Eucaristía, pero sí a su Palabra. Y tratamos de seguir «online» la celebración eucarística de mi Parroquia, y compartir con mis hermanos la fe. De sentirme derrotado, triste, preocupado con la situación actual (como los discípulos que iban de camino a Emaús), a convertirme y convertirnos en personas alegres, esperanzadas. Es la gracia del encuentro con Dios, que transforma, que cambia todo. Y que nos invita también y nos impulsa a encontrarnos con tantos hermanos necesitados de esperanza, sobre todo, en este tiempo difícil que todos estamos viviendo.

DESDE LA ENFERMEDAD

(mujer, casada, jubilada, convaleciente, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar)

Cuando estamos inmersos en un proyecto en el que depositamos toda la ilusión y encima empleamos en él mucho tiempo y lo que esperamos no resulta. Cuando nuestros deseos se tuercen, nos invaden la desilusión, la tristeza, la desconfianza. Cuando los caminos del Señor no coincide con lo que esperábamos o nos gustaría, se nos hace duro de aceptar y a veces nos sentimos tan decepcionados que tenemos la tentación de abandonar.

Este curso se me presentaba estupendo. Con cuantas ganas hemos preparado y organizado el año, programando con tiempo, con mucho tiempo para que nada quede al azar, que todo salga estupendamente. Que bien pintaban este año las reuniones de la comunidad con nuevo asesor. Que ilusión puesta en esa sorpresa que le estaba preparando a mi marido por su cumpleaños. Además, en junio haremos ese viaje que llevábamos tiempo preparando, y tantos otros proyectos que teníamos … Pues, todos mis planes se han venido abajo, ha terminado todo del revés. ¡Que desastre! Primero por mi problema de salud, algo con lo que no contábamos y que lo trastoca todo, y cuando empezamos a salir de ello se nos presenta este confinamiento. Añadiendo ahora la incertidumbre de como quedaran nuestros hijos con la vuelta al trabajo, cuanto desasosiego por el futuro incierto. Cuanta impaciencia por unos cambios que presentimos llegar.

En estos momentos que todo sale mal, que todo se vuelve del revés, cuando me siento decepcionada, cuando con la incertidumbre aparecen los miedos Jesús se me hace presente. Igual que en el camino de Emaús Jesús sale a mi encuentro. A veces, mi ofuscación me impide reconocerlo. En esos momentos es cuando más necesito buscar en la oración y en la Palabra aquello que pueda iluminarme. Necesito que Jesús camine conmigo, quiero dejarme acompañar por él porque eso me sosiega. ¡Que verdad es que nada soy y nada tengo sin su presencia! El encuentro con Jesús me da fuerzas, hace que vuelva a ilusionarme por las cosas que se me presentan cada día, que vuelva a confiar, a tener esperanza. El Señor actúa en mi presente, sí, volveré a empezar.

SEGUNDO PASO: MEDITATIO

Posted on abril 19th, 2020 in > SEGUNDO PASO: MEDITATIO by admin

¿Qué nos dice el texto?

Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.

DESDE LA ESPERANZA DE LA VIDA

(mujer, soltera, trabaja, médico, pertenece a comunidad cristiana y movimiento laical )

Jesús llega y se pone al centro de mi vida y me trae la PAZ. Como a Tomás, no me juzga porque dudo, o por mis miedos o inseguridades. No reniega de mi porque quiera seguridad.

Me dice, trae tu mano, TÓCAME. No me juzga, no me recrimina, no me exige, no me dice, tanto tiempo en la iglesia y no me ves? Sino con bondad me coge la mano, tócame, en tus pacientes, en sus debilidades, sus inseguridades, miedos, angustias. Así me invita a tocarlo con cariño, con misericordia, sin exigencias, sin juicios, sólo la entrega , como DON DE SU GRACIA.

DESDE LA VIDA ORDINARIA

(hombre, soltero, trabaja en país extranjero, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar en su tierra natal)

Lo que en el Reino es la gloria de Dios, en la tierra es la paz para el hombre, y la paz para el hombre es el reflejo de la gloria de Dios. La buena noticia evangélica es un mensaje de paz profunda, y por eso Jesús resucitado lo que hace una y otra vez es dar la paz.

Hace años, me «tropezaba» con el Salmo 33 que reza: busca la paz, y corre tras ella. Y creo que ha habido un cambio muy significativo en mi vida, en mi forma de relacionarme con los demás, en mi forma de trabajar, de liderar grupos de trabajo, también de vivir mi fe, en el que he comenzado a afrontar toda situación que vivo desde esa paz interior. De la paz profunda de estar en comunión con Dios. De saber escuchar su voz en mi silencio.

Seguro que hay momentos en los que cierro mis puertas, lleno de miedo. Y también situaciones en las que actúo incrédulo. Pero siendo algo tan sencillo, y a la vez una profunda vivencia (que requiere práctica, entrenamiento, para desarrollar ese regalo que Jesús nos da), lo que más anhelamos es estar en paz, no solamente vivir en paz, sino estar en paz. Ser moradas de paz, portadores de la paz que surge de Dios.

Para ello, es importante desarrollar esa escucha interior, y buscar momentos de soledad, de soledad con Dios. Y desde ahí, ir a mi Galilea, en la que también he descubierto que puedo contagiar esa paz, que puedo ser Pascua para las personas con las que convivo, con las que trabajo. Tiene un poder transformador. Cambia todo.

Y a veces tan preocupado, a veces tan inquieto, tan disgustado. Siendo los cristianos portadores de la mayor alegría, no podemos permitir que en nuestra vida Cristo no haya resucitado y nos haya dado su paz.

Esa paz no me genera un sentimiento de conformismo cuando afronto dificultades, pero sí de serenidad que nace de la esperanza. No es un mero optimismo. Es un don de Dios. Es saber que después del dolor, del sufrimiento, de la soledad, de la falta de amor, de la enfermedad, de la muerte…de cada día, resucitaremos con Jesús.

Busca la paz, y corre tras ella.

DESDE LA ENFERMEDAD

(mujer, casada, jubilada, convaleciente, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar)

En este tiempo de confinamiento he tenido tiempo para muchas cosas, limpiar los archivos del ordenador, que estaban llenos. Leer ese libro que había dejado a medias. Aprender a hacer montajes con mis videos y fotos familiares. Pero sobre todo a hablar largo y tendido con mis hijos, hermanos, familiares, amigos. Hemos hablado de lo divino y de lo humano.  Porque este tiempo complicado que nos ha tocado vivir ha propiciado conversaciones en profundidad.

Cuando hemos tocado el tema de nuestras creencias, de nuestra fe, me doy cuenta de cuanta resistencia ponemos en nuestra cabeza y en el corazón ante la realidad de Dios. Nos empecinamos en encontrar la respuesta en la ciencia, en la razón, y tantas otras cosas. ¿Por qué tenemos la tendencia de creer sólo en aquello que podemos ver y tocar e incluso entender? ¡Cuántas pruebas exigimos para creer!. ¡Cuántas condiciones ponemos! Nos consideramos tan dueños de nuestra vida que hasta a Dios lo supeditamos a nuestra voluntad y acaba de ser innecesario y hasta superfluo, tanto que a veces prescindimos directamente de él. La fe es un don de Dios, sí, pero conlleva una respuesta personal y libre. A Dios se le puede intuir, ver y amar, o sencillamente no verlo. Pues por una de las dos opciones tenemos que optar.

Veo al Señor en cada acontecimiento de mi vida, pero además no concibo que él no participe activamente de ella. Por eso me cuesta entender que se pueda vivir de espaldas a él, sobre todo en estos increyentes que yo llamo de nuevo cuño. Esos que han crecido conmigo y en mis mismas creencias, y que no sabes muy bien por qué en un momento de sus vidas han tomado otro camino. Seguramente tendrán su razones y motivos, pero se me hace tan difícil, tan difícil entenderlos. Cada día doy gracias a Dios porque lo he visto y he creído. Le doy gracias por la fe que me sostiene.

SEGUNDO PASO: MEDITATIO

Posted on abril 10th, 2020 in > SEGUNDO PASO: MEDITATIO by admin

¿Qué nos dice el texto?

Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.

DESDE LA RELIGIOSIDAD POPULAR

(hombre, casado, trabaja, dos hijos, cofrade y hermano de varias hermandades de penitencia)

Hoy el Evangelio nos muestra la evidencia de nuestra Fé, Cristo ha resucitado. En este pasaje vemos cómo los dos apóstoles reciben la noticia de parte de María Magdalena y acuden al sepulcro corriendo para comprobarlo, y lo que ocurre es que, aunque salen corriendo juntos, cada uno llega en un momento distinto al sepulcro; la juventud de Juan hace que llegue primero, y esa misma juventud, le hace esperar a Pedro en la entrada del sepulcro, seguramente no se atrevería a entrar solo. Pedro, probablemente debido a su edad, llega al sepulcro después de Juan, pero esa madurez, sin embargo, es la que le ayuda a tomar la iniciativa y entrar en el sepulcro, y sólo entonces es cuando Juan se decide a entrar y juntos ven y creen.

En las cofradías nos pasa esto continuamente, la juventud y la madurez conviven diariamente, el camino a recorrer es el mismo, como les pasó a los apóstoles, al igual que la meta es la misma, descubrir a Cristo resucitado. Es el camino el que se recorre de forma diferente, la juventud nos lleva a ser impetuosos a querer cambiar las cosas y a ser críticos y disconformes con los planteamientos, con la toma de decisiones, etc…. y es la madurez la que da templanza, serenidad, enseñanza y explicación del por qué de las cosas, y por supuesto permite ir transmitiendo la tradición de generación en generación. Juventud y veteranía deben convivir en nuestras cofradías, cada una debe aportar sus dones, juntos han de recorrer el camino, para como los apóstoles, descubrir en nuestras cofradías que Cristo ha resucitado, que todo tiene sentido y que Cristo vive y esa Verdad es la que da sentido a que nuestras cofradías existan y perduren en el tiempo.

DESDE LA ENFERMEDAD

(mujer, casada, jubilada, convaleciente, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar)

 

Son muchos los signos de muerte y resurrección que tenemos en nuestra vida. En el tiempo que he estado mala, he tenido noches muy negras, momentos de angustia, con el ánimo muy negativo, eran momentos de muerte. Frente a esto me he sentido muy querida. He sentido el apoyo y la cercanía de mucha gente.  Recibí muchos mensajes de personas que me decían que rezaban por mí. Todo eso me daba ánimos para salir adelante, para luchar, para no darme por vencida, para salir de la oscuridad. También  momentos de oración profunda.  De sentirme sostenida por el Señor. Me levantaba y volvía la luz, eso es resurrección.

También hoy veo signos de resurrección en medio de esta pandemia. En esta sociedad donde priva el ser, el tener, el brillerio y el egoísmo, (momentos de muerte), Estamos viendo tantos y tantos testimonios de personas solidarias, de gente buena con actitudes extraordinarias que las engrandece. Parece que estamos despertando del letargo en donde estábamos metido, que estamos volviendo a esos valores de ayudar, de pensar en los demás. Me consta que se está produciendo un cambio profundo en el interior de muchas personas. Valorando más todas esas pequeñas cosas que teníamos y a las que no dábamos importancia. Ya no miraremos al otro como alguien ajeno a nuestra vida. Priorizaremos lo “nuestro” sobre lo “mío”. Estamos resurgiendo como personas nuevas, porque la resurrección nos convierte en seres nuevos.

La resurrección viene del Señor, ojalá sepamos resucitar de todo lo que nos aleja de él, de todo lo que nos aleja del hermano.

SEGUNDO PASO: MEDITATIO

Posted on abril 5th, 2020 in > SEGUNDO PASO: MEDITATIO by admin

¿Qué nos dice el texto?

Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.

DESDE LA RELIGIOSIDAD POPULAR

(hombre, casado, trabaja, dos hijos, cofrade y hermano de varias hermandades de penitencia)

¡Hoy es Domingo de Ramos! La Iglesia nos invita a contemplar en el Evangelio de hoy la Pasión de Nuestro Señor, pero hoy no puedo, más que pensar y soñar con tantos y tantos Domingos de Ramos que he vivido rodeado de la gente que más quiero, y es que hoy……sale mi cofradía.

Una cofradía que me ha dado desde pequeño, los mejores amigos de mi vida, que ha sido para mí, escuela de formación en valores cristianos, y que me ha ido acompañando en el camino de la vida, pasando por todas las etapas que hasta ahora he recorrido. Me aportó compañeros de estudios, una pandilla de amigos para salir a divertirnos, unos leales y fieles consejeros, y junto a ellos he ido creciendo, y viviendo; juntos hemos celebrado cumpleaños, bodas y bautizos, juntos, hemos llorado por los que se quedaron en el camino y por los familiares que ya están en el cielo, juntos, hemos rezado ante Nuestros Sagrados Titulares, juntos hemos sido los privilegiados pies de Nuestro Señor y de Nuestra Virgen, juntos nos hemos vestido con la túnica de nuestra Hermandad y juntos  seguimos soñando con todo lo que nos queda por vivir.

Gracias Señor por haberme llevado hasta mi cofradía, por haberla usado como ancla en mis momentos de duda y por permitirme hoy desde ella poder dar testimonio de Ti.

DESDE LA ENFERMEDAD

(mujer, casada, jubilada, convaleciente, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar)

 

Echaré de menos en este domingo de pasión la celebración en mi parroquia con las ramas de olivo, la lectura de este evangelio proclamado por todos junto al celebrante, el bullicio de las calles, el olor a azahar y a incienso. Porque este domingo previo a la Semana Santa era un domingo lleno de color y de alegría, como debió ser la entrada de Jesús en Jerusalén. Esta semana será distinta a todas las vividas. Pero seguirá siendo una semana de pasión.

Leyendo el evangelio veo en la figura de Jesús a esos ancianos que están pasando esta crisis del Coronavirus, en algunas residencias con escasos recursos sanitarios y de personal. Sin la visita de familiares que les consuele en estos momentos. Muriendo solos en el hospital sin que el marido, el hijo, el hermano puedan darles ni un último abrazo. Y veo a Jesús en esos médicos y enfermera, extenuados y agotados de tantas horas de trabajo y con falta de material de seguridad, cayendo muchos también enfermos. Y veo en Jesús a tantas personas angustiadas por la pérdida de su negocio, de su trabajo. Y veo a Jesús en esas personas que no solo no pueden despedir ni velar a sus muertos sino tampoco recibir un abrazo de consuelo. Y se me conmueve el alma. Sí, esta es una auténtica semana de pasión.

Tampoco a María la dejaron acercarse a su hijo, y lo siguió desde la distancia con el corazón roto, ¡que mal se debió sentir!. Pero no estaba sola, tenía al lado a Juan en quien podía apoyarse. Me gustaría ser Juan para tanto sufriente, y me pregunto cómo poder llevar un mínimo de consuelo y de esperanza. Una manera es estando especialmente atenta a esos hermanos de comunidad, a esos amigos, a esos familiares que viven solos. Hacer esa llamada que nos hace cercanos y traen alivio al corazón. Y sobre todo nos queda la oración. Y nos queda la esperanza, porque después de la pasión llega la Pascua. Después saldrá el arco iris, porque todo va a salir bien.

SEGUNDO PASO: MEDITATIO

Posted on marzo 29th, 2020 in > SEGUNDO PASO: MEDITATIO by admin

¿Qué nos dice el texto?

Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.

DESDE LA RELIGIOSIDAD POPULAR

(hombre, casado, trabaja, dos hijos, cofrade y hermano de varias hermandades de penitencia)

Son muchas las enseñanzas que el Señor me muestra en este Evangelio. La primera es la humanidad de Cristo, que sufre y llora la pérdida de su amigo, como nos pasa a nosotros ante el dolor de las personas que queremos. La segunda es que el Señor, ve en la dificultad la oportunidad de un “para algo”, no se queda en el obstáculo o en la pena, sino que lo transforma en algo nuevo, en una oportunidad de dar Gloria Dios. La tercera es que los tiempos de Jesús, no son los nuestros, Marta y María, le recriminan a Jesús su tardanza y no entienden su demora y la cuarta es que la Fe de Marta y María que buscan al Señor, hace que Lázaro resucite.

Pues bien, ¿cómo llevo yo estas enseñanzas al plano cofrade?, es lo que voy a intentar compartir. Después de ser costalero de mi Cristo durante veinte años, ocurrió un cambio en las personas encargadas de componer la cuadrilla que debía portar el paso de Nuestro Señor, entre otras decisiones, optaron por no contar conmigo para el siguiente año como costalero del paso de Cristo de mi cofradía, esta decisión supuso en mi vida un dolor, una incomprensión, y un no entender…pero como el Señor hace nuevas todas las cosas, al cabo de un tiempo, quiso el Señor y su Bendita Madre que pasara a ser costalero de la Virgen, y ahí está el “para que”· de mi historia. Ella me quiso para Ella, y en el obstáculo y en mis penas, resurgió la esperanza, comprendí que era un afortunado y que de otra forma, no habría sido posible ser los pies de mi Virgen, y que tras el dolor del cierre de una etapa que me había dado tantas alegrías en mi vida, llegaba otra etapa nueva, esa fue mi resurrección, así pase de la muerte y del duelo, a la vida, y una vida llena de Esperanza..

DESDE LA ENFERMEDAD

(mujer, casada, jubilada, convaleciente, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar)

 

Este evangelio me lleva a preguntarme cuál es la reacción que tenemos ante la muerte inesperada de un ser querido; ante una enfermedad grave; ante un contratiempo fuerte. ¿Le pedimos cuenta al Señor? ¿pensamos que nos ha abandonado? ¿Nos alejamos de él? o nos ponemos confiadamente en sus manos. Aceptamos lo que nos pasa… ¿Cómo lo vivimos?.

Cuando me dieron el diagnostico de mi problema de salud, lo primero que hago es asustarme. ¡Pero asustarme de veras!. Por la cabeza me pasan los pensamientos más negros. Sin embargo, en ningún momento pasó por mi cabeza preguntarle al Señor por qué. En ningún momento me he sentido abandonada por el Señor. Porque sigo pensando que con todo lo que hay en este mundo, yo sigo siendo una privilegiada.

Cuando pasan las horas críticas y ya estoy estabilizada, me encuentro son una serie de secuelas que me incapacitan durante alguno tiempo. Por lo que dispongo de todas las horas del día y de la noche para mí. Las horas se me hacen e-t-e-r-n-a-s, lo que me ha permitido tener mucho tiempo para la oración, para la meditación, para la contemplación. Claro que también tenía tiempo para sentir angustia, ansiedad, impaciencia, impotencia. Porque una es humana y había días buenos y otros menos buenos.

Ahora a ese parón que he tenido que hacer forzosamente, y que tanta angustia me producía lo veo con otra mirada, creo que el Señor me ha regalado tiempo; no más cantidad de tiempo, no; sino un tiempo especial. Ante las prisas en la que caminaba, el estrés, la cantidad de actividades, y compromisos, me he encontrado con un “oasis de tiempo”. En donde la oración, la meditación y la contemplación me han llevado a reencontrarme con el Señor. Ha sido un tiempo de purificación en el que me estoy desprendiendo de algunas cosas que me estaban pesando demasiado, quizás porque creía tener la misma fuerza de antes, sin darme cuenta que los años no pasan en balde. En los momentos de postración es el Señor el que me invita a levantar y seguir adelante.

Que estos momentos que vivimos de confinamiento en nuestros hogares nos sirva a todos para reencontrarnos con el Señor, para purificarnos, para resucitarnos..

Señor cúrame de mis cegueras. Que ningún virus me haga permanecer ciego frente al hermano. Se mi luz para caminar en estos momentos difíciles

DESDE LA CUARESMA EN LA VIDA ORDINARIA

(hombre, soltero, trabaja en país extranjero, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar en su tierra natal)

Acabo de terminar una de las múltiples videollamadas que estoy teniendo estos días desde casa. Está siendo un tiempo provechoso para eso, con familia y amigos que hacía tiempo a los que no les dedicaba tiempo, ni conversaciones de calidad, como las que estoy teniendo. Siendo consciente de que las relaciones son de calidad, cuando tienes con esas personas conversaciones de calidad. Esta videollamada ha sido especial, con mi comunidad cristiana, de la que vivo muy lejos y no puedo compartir con ellos la reunión presencial semanal, pero con la que tengo contacto casi a diario. La situación actual nos ha «obligado» a tener la reunión semanal de esta manera.

En esa reunión, al igual que en el Evangelio de este domingo, la resurrección, la vida, la esperanza, el ánimo, las ganas de superar la muerte de estos días, han sido los elementos que han predominado.

Nuestra sociedad actual trata de disimular la muerte, no estamos preparados para sufrirla, porque es un misterio, nos enseña que nuestro orgullo es vanidad, que no amamos lo suficiente, que no buscamos lo esencial, pero que el amor que sembramos mientras vivimos, es inmortal.

Jesús en este pasaje, llora por su amigo, nos enseña que sentir dolor por la pérdida de un ser querido, no es contrario a la esperanza. Seguramente somos muchos los que en estos días, lloramos la pérdida de familiares o amigos, lloramos por no saber qué va pasar con nuestro empleo, que esto va para largo…

El optimismo como le escuchaba al Papa Francisco estos días, suena a maquillaje, a reacción del momento. La esperanza en la humanidad, en los hombres y mujeres, es la que el Papa elige tener. Esa esperanza que tuvieron Marta y María para creer que con la presencia de Jesús, su hermano Lázaro no habría muerto.

En estos momentos de incertidumbre, Jesús me dice como le dijo a Marta: ¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?

SEGUNDO PASO: MEDITATIO

Posted on marzo 22nd, 2020 in > SEGUNDO PASO: MEDITATIO by admin

 

¿Qué nos dice el texto?

Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.

 

DESDE LA RELIGIOSIDAD POPULAR

(hombre, casado, trabaja, dos hijos, cofrade y hermano de varias hermandades de penitencia)

 

El Evangelio de hoy me invita a ver la dificultad como una oportunidad para que Dios actúe en nuestra vida, al igual que actuó en la vida del ciego del Evangelio.

Los cofrades, como todos, estamos viviendo momentos de dificultad, en el que nuestras ilusiones, esperanzas y motivaciones, pudieran parecer que desaparecen…las túnicas quedaran colgadas en los armarios, y las medallas de nuestras cofradías permanecerán también confinadas en el cabecero de nuestra cama …Todo ha cambiado…salvo la presencia de Dios.

El Señor sigue a nuestro lado, al igual que su Bendita Madre, (Ella es Nuestra Esperanza) limpiándonos la mirada, fijándonos en lo verdaderamente importante, viendo al otro como un hermano y curándonos la ceguera que a veces hemos podido tener, es ahora, en la dificultad, cuando, si estamos atentos, dejaremos que Dios nos preste sus ojos, para tener una mirada limpia.

Hoy, la palabra Hermandad tiene que dotar de significado más que nunca a nuestras cofradías, tenemos que estar unidos, apoyándonos, siendo familia con el consuelo de que nuestros sagrados titulares están a nuestro lado.

 

DESDE LA ENFERMEDAD

(mujer, casada, jubilada, convaleciente, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar)

 

El evangelio me lleva a preguntarme en que estado me hallo delante del Señor. A reflexionar sobre cuáles son nuestras cegueras. Cuáles son mis cegueras

En estos días, en donde estamos viviendo la peor crisis sanitaria de nuestra historia reciente, producida por el Covid-19 me llama la atención el comportamiento de algunas personas que a pesar de las advertencias siguen realizando una vida normal. «Yo no he cambiado en nada mis hábitos rutinarios por el coronavirus», explicaba una de las entrevistadas en una cadena de TV. O robando mascarillas. O saliendo a tomar el sol en la playa como si de vacaciones se tratara. Tienen una ceguera de ego que no les permite ver a los otros. El egoísmo, la inconsciencia, la insolidaridad la irresponsabilidad, son cegueras que nos impiden ver la realidad, que nos impiden ver al hermano. ¿Qué nos pasa? ¿Estamos ciegos? Ya lo dice el refrán, que no hay peor ciego que el que no quiere ver. Menos mal que son los menos porque frente a estos, estamos viendo a personas comprometidas, responsables, altruista, que sacan lo mejor de sí y que aportan una gran creatividad para hacer frente a esta situación especial que nos toca vivir.

Recobramos la vista cuando nos volvemos prudentes y responsables. Cuando en nuestro camino no dejamos detrás al hermano. Cuando nuestra prioridad no se cierra en el “yo”, sino en el “nosotros”. Es tiempo de olvidar nuestros propios planes pensando en el bien común. un buen momento para que mostremos cordura, también paz y esperanza, reconociendo que nuestra vida no depende de nuestras apetencias, ni de la entrada de algún microorganismo en nuestro cuerpo. Depende de Dios que determina el comienzo y el final de nuestra vida. Él conduce el hilo de la historia, no se le escapa nada.

Señor cúrame de mis cegueras. Que ningún virus me haga permanecer ciego frente al hermano. Se mi luz para caminar en estos momentos difíciles

 

DESDE LA CUARESMA EN LA VIDA ORDINARIA

(hombre, soltero, trabaja en país extranjero, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar en su tierra natal)

 

Se me hace inevitable llevar la lectura del evangelista Juan a la realidad que vive el mundo. Y me resuenan las palabras de Jesús al comienzo del texto: ‘Mientras es de día, tenemos que hacer las obras del que me ha enviado; viene la noche, y nadie podrá hacerlas’. Tiempo de oscuridad, encerrados en casa, sin saber qué va a pasar, sin poder hacer nada.

Invita Jesús al ciego a lavarse. Nos están invitando desde todos los medios, sanitarios y gubernamentales, a lavarnos continuamente.

Y al igual que los incrédulos testigos de la curación, que se niegan a ver la acción de Dios en aquel milagro, me cuesta a mi ver la mano de Dios en la crisis que estamos viviendo. Jesús me responde al final del texto del Evangelio: «Para un juicio he venido ya a este mundo; para los que no ven, vean, y los que ven, queden ciegos». Y ciertamente me cuesta ver y entender todo esto que está pasando.

Pero quizás, si gano en presencia y en consciencia, me de cuenta de la necesidad de parar(me). Estos días he podido hablar con mi familia y con mis amigos más de lo que lo he hecho en los últimos años, y entiendo que no sólo me está pasando a mi. Dedicarles tiempo de calidad, también a Dios y a la oración. A las 12:00 uniéndome a mi comunidad parroquial en las que suenan las campanas, y a mi diócesis, me paro ante Dios, y ante María, y rezo el Ángelus, sintiéndome parte de la gran comunidad Iglesia. Y con mi comunidad, de la que estoy lejos físicamente, he podido estar más cerca, con videollamada, para compartir la reunión semanal.

Sólo dejándome limpiar por Jesús, seré capaz de VER realidades que antes no veía, estando cegado por mi trabajo y mis preocupaciones. Y viendo, comienzo a descubrir cómo ante la adversidad, somos capaces de comportarnos de otra manera. Soy capaz de ver la acción de Dios en lo que me (nos) pasa.

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