DESDE LAS PERSONAS SIN HOGAR
(hombre, casado, trabaja, pertenece a comunidad cristiana, voluntario de patrulla de calle en ONG católica)
La renuncia a mis seguridades es, sin duda, el obstáculo más fuerte que encuentro para seguir a Jesús. Sin embargo puedo felicitarme porque alguna victoria he logrado en este terreno, como por ejemplo: el uso de mi tiempo. Un factor determinante para haberle dado un nuevo significado y empleo a las horas del día fue el empezar a compartir mi vida con las personas sin hogar, ya que en cualquier momento se presentan situaciones críticas que no puedes postergarlas a un día y hora concretos. Aquí eso no sirve, y hay que tenerlo claro. Cierto es que en nuestro equipo intentamos cubrirnos cuando surgen los imprevistos, para que los planes importantes que podamos tener no se vean alterados, pero también somos conscientes de que las necesidades en este campo, cuando surgen, pasan a ocupar un lugar preferente en nuestro orden de prioridades. ¿Se imaginan que nos llaman un domingo, como ha pasado, para decirnos que a un sin hogar lo han visto “bastante mal” en un determinado lugar y contestamos que estamos descansando? ¿Y qué deberíamos hacer si después de un duro día de trabajo, nos dicen que un seropositivo al que habíamos conseguido una pensión pasará la noche a la intemperie si no le encontramos un techo? Tengo claro que me queda mucho camino por recorrer, pero haber comprendido que debo anteponer la llamada del hermano que verdaderamente me necesita a mis necesidades, es sin duda el primer paso para ser seguidor de Cristo.

